Elías Rubio Marcos y su "CAJÓN DE SASTRE"

Recopilación de artículos publicados y otros de nueva creación. Blog iniciado en 2009.

domingo, 21 de mayo de 2017

HOMENAJE EN CENICEROS, ROSA YA NO ESTÁ SOLA


Placa conmemorativa con el nombre del proyecto

Instalación artística. Un hito musical con buzón de 
pensamientos y sugerencias  

Mirador de Ceniceros

Se leyeron poemas y otros textos. Fuera...

... y dentro de la iglesia arruinada...


Antiguo vecino de Ceniceros leyendo un texto


Volvieron a sonar los nombres de los vecinos desaparecidos


Donde antes hubo casas

Gente llegada de Palencia, de León y Burgos 


FOTOGRAFÍAS: Homenaje en Ceniceros (Tomadas el 20-5-2017)


Dentro de la convocatoria de proyectos “Nodos-Arte y Territorio", cuya idea y desarrollo nació del Espacio Tangente, de Burgos, y del MUSAC de León (programa “Laboratorio 987”), en colaboración con el espacio Geoloras (Parque Geológico las Loras), tuvo lugar ayer en las ruinas del pueblo abandonado de Ceniceros una emotiva concentración de personas llegadas de León, Palencia y Burgos. Se trataba de poner en escena uno de los proyectos seleccionados del certamen. Bajo el título “INMEMORIAM COMMUNITATIS”, constituyó un sentido homenaje, a través de Ceniceros (despoblado en 1956), a los pueblos abandonados y a las personas que los habitaron. Dentro de la iglesia, saqueada y arruinada, los numerosos asistentes, entre los que se encontraba uno que fue vecino de Ceniceros, se leyeron poemas y otros textos de autores conocidos. Como huella física y trascendente de la jornada quedó en el lugar, además de una placa conmemorativa, una instalación artística con vocación musical. Ahora, quien visite el hermoso lugar de Ceniceros podrá hacer sonar el hito-instrumento como testimonio de su paso por el lugar, sumándose así al homenaje a los pueblos desaparecidos y al dolor por la despoblación. 
Rosa ya no estará sola en Ceniceros. 

  

domingo, 7 de mayo de 2017

CRUZ DE LA DESPOBLACIÓN


          




FOTOGRAFÍAS: La cruz de Ceniceros (Tomada en mayo de 2017)

Hacía 20 años que no visitaba Ceniceros, queridos amigos. Hace tres días lo hice y vi que las tres casas que resistían entonces han caído definitivamente. En cambio, la  cruz de Rosa continúa en su lugar, respetada por los saqueadores del abandono, como si el tiempo no hubiera pasado para ella, representando a un vecindario que el aire hace tiempo se llevó. 


CONTRA EL OLVIDO

Un cálido musgo que abriga el último sueño, líquenes que conservan la memoria, trepadoras que estrangulan el alma, bringazas guardianas cayendo del cielo, más un muro testimonial de un recinto postrero que solo la selva impide su total derrumbe. Todo para custodiar una cruz de hierro, solitaria y partida, para una placa de porcelana con un nombre que da vida y muerte a un pueblo que fue y ya no es, aunque este nombre remolinee para siempre en las alturas donde habitan los buitres del Rudrón. Esperaba ver flores marchitas junto a esta cruz de la despoblación, como homenaje de algún vivo, pero a veces los recuerdos se arrastran solo hasta donde pueden. Conozco en la provincia cementerios difuntos, sin cruces ni nombres, pero hasta en estos desiertos he llegado a ver vida floral, siquiera mustia por visitas de años recientes. En Ceniceros, no, en este bello mirador, de olvido y silencio, sola está la cruz con óxido casi centenario, con la identificación de una mujer que murió el día de su cumpleaños, en 1927, a los 28 años:
Rosa.  


sábado, 29 de abril de 2017

MIMESIS EN LAS VENTANAS , NIDÁGUILA, ARROYAL, MANCILES


FOTOGRAFÍAS: Ventanas de Nidáguila, Arroyal y Manciles (Tomadas en 2015 y 2017)  

        Continuando con la colección de ventanas antiguas, que tantas sorpresas y admiración nos está deparando, desde que la iniciamos allá por 2011, hoy me complace traeros, queridos amigos de este Cajón de Sastre, algunos ejemplares que invitan a la reflexión. En el caso de Nidáguila, la sorpresa viene dada por la curiosa intervención que el dueño de una casa ha llevado a cabo en los dinteles de dos ventanas de la fachada principal, las cuales muestran todo un alarde decorativo. Pero, ¿por qué esta cuidada y extemporánea decoración?, cabe preguntarse. Y la respuesta, a falta de otra más certera, podría venir dada porque su autor, sin duda buen tallador de piedra, quiso, si no imitar, al menos no desmerecer de otras dos ventanas antiguas existentes en otra de las fachadas de la casa, afortunadamente conservadas y probablemente  del siglo XV o XVI. El autor moderno, al parecer de exquisito gusto, debió pensar “si aquellos canteros del periodo gótico ennoblecieron esta casa con su arte, del cual disfruto, yo no he de ser menos”. Bien podrá suceder, sin embargo, que en el futuro, cuando la pátina del tiempo haya hecho su labor en la piedra blanca de los dinteles modernos, algún despistado viajero llegue a confundir los tiempos de unas y otras ventanas. Seguro que no, pero por si acaso, aquí queda advertido. 


Ventana de tradición medieval en Nidáguila

Minúscula ventana con decoración de bolas

Dintel moderno con exquisita decoración en Nidáguila

Dos fachadas, una con ventanas y decoración antiguas 
y otra con dinteles de reciente creación


          Siguiendo con el efecto imitación,  se acompañan otras ventanas, de Manciles y Arroyal, en la cuales pueden verse cabezas humanas flanqueando los vanos. En su día vimos aquí una casa del primer pueblo,  con dos cabezas a uno y otro lado de una ventana, una de mujer y otra de hombre, seguramente esposos que inauguraron la casa y que quisieron hacer de esta manera su propio homenaje. Decíamos entonces que aquellas cabezas parecían de ejecución moderna, probablemente de finales del siglo XIX o primer cuarto del XX. Más tarde vimos otras dos colocadas en la misma forma en un pueblo del Cerrato palentino, y supimos de otras dos en una casa de Quemada. Todo lo cual lleva a sugerirnos que esta costumbre tiene cierto arraigo en la culminación de las casas. Pero esto, que podría parecer hasta cierto punto un hábito moderno, parece tener mayor antigüedad, al menos así se desprende de que en el pueblo de Arroyal hayamos localizado una casona del siglo XVI que también luce dos cabezas, muy deterioradas, a uno y otro lado de una ventana y con gustos claramente renacentistas.


Casona del siglo XVI en Arroyal.
Se aprecian en una ventana dos cabezas,
una de mujer y otra de hombre

Al gusto renacentista


Ventana de Manciles, con cabezas de piedra a uno y otro
lado del vano y de madera en el alero del tejado  




lunes, 24 de abril de 2017

DESPUÉS DE UN LARGO ENCIERRO


Vacas salers recién liberadas

¡Cuidado, parece que vienen hacia mí!



FOTOGRAFÍAS: Vacas salers en Quintanilla Santa Gadea (Tomadas en abril de 2017)

       Permitidme, queridos amigos de este Cajón de Sastre, que comparta con vosotros la increíble experiencia que tuve la suerte y el privilegio de vivir el pasado viernes en Quintanilla Santa Gadea. Nunca antes había visto nada igual, y mira que pude tener ocasiones cuando hace años conviví con mis amigos los pasiegos de Burgos. Me lo encontré por sorpresa, estando entrevistando a un ganadero de este pequeño pueblo. Fue todo un espectáculo, nada más ni nada menos que la primera salida al mundo exterior de las vacas que habían estado estabuladas en una nave ganadera durante medio año. La puesta en libertad, tras el largo encierro invernal sin ver el cielo y la luz del pleno día, ni sentir la más mínima brisa, sin saborear brote alguno de hierba nueva, debió ser para ellas un regalo tan inesperado como fantástico. Sé que esto es una cosa para verlo y no contarlo, pero no he resistido la tentación. Fue total. Las vi salir una detrás de otra, en orden, como despistadas, como cegadas por el sol radiante del mediodía. Solo pasaron unos segundos hasta que se lanzaron, a tumba abierta, a la hierba retoñada de primavera, al inigualable festín de libertad y hierba que no esperaban. Aquel perfecto orden de salida se convirtió en breves instantes en revolución y locura. Aquellas vacas granates y cornilargas, condes de Montecristo cuyo auténtico nombre de raza es salers, recuperada su libertad, ejecutaron, creo que para mí, un espectáculo circense que nunca soñé, un gran repertorio de alegres y sorprendentes cabriolas que no olvidaré. Unas daban saltos a uno y otro lado, como sin saber qué más hacer, otras se amochaban como búfalos, que más que amochar parecía que se felicitaban, otras cabalgaban entre sí, como amorosas, como si las montadas pretendieran ser caricias; ni siquiera los retoños de hierba les hacía detenerse en su febril demostración de libertad. Duró poco pero fue intenso. Luego las perdí de vista, guiadas por sus libertadores hacia otros pastos nuevos.  


lunes, 17 de abril de 2017

LAS “BATIPUERTAS” DE AHEDO DE BUTRÓN


Calle callada de Ahedo de Butrón, bancos de piedra en solanas,
doblepuertas y balconadas,  magia del pasado
para conocer y aprender

Batipuerta en verde con gatera

Batipuerta, Sagrado Corazón y gatera

Batipuerta sin gatera

Dos batipuertas juntas

Retazo en azul

Sueño en rojo


FOTOGRAFÍAS: Puertas de Ahedo de Butrón (Tomadas en abril, de 2017)


Otra vez Ahedo de Butrón, queridos amigos. Hay algo en este pueblo escondido que me atrae como un poderoso imán.  Podría decir que no sé lo que es, pero sí lo sé, bien que lo sé, son tantas cosas... Primero de todo su ubicación entre montañas, tras la magia de la carretera que muere en su caserío (después de esta carretera, ya solo un camino que se despeña hacia el Ebro, hacia los molinos de Tubilleja). A continuación, sus deliciosas calles y rincones de cuento, con interesantísima arquitectura tradicional, apenas modificada con el correr del tiempo, por no decir que se mantiene intacta tal como la conocí hace medio siglo, con los distintos y singulares elementos autóctonos que la caracterizan; los escudos que pregonan hidalguías pasadas, las balconadas torneadas al sol, los aleros donde habitan diablesas de pechos desnudos... Por no hablar de su incomparable iglesia románica, que esa es tarea de gran arte para especialistas en simbolismos religiosos. Y entre todo, las puertas de sus casas, multicolores y con doble hoja, una que es mitad y exterior (a la que llaman “puerta pequeña”) y otra interior de cuerpo entero. ¿Y por qué doble puerta?, os preguntaréis. Lo he consultado al vecindario, pues yo mismo me hacía semejante pregunta. Y la explicación que se me ha dado es que servía para poder uncir a los bueyes. (¿?) Sí, sí, porque cuando se sacaban las parejas de las cuadras al portalón se las uncía desde el exterior, aprovechando el freno de la puerta pequeña. Debía ser cómodo uncirlas así, pues después de tanto encierro los bueyes tendían a precipitarse a la calle sin control. ¿Y cómo llegó este tipo de puerta a Ahedo, si no existe paralelo en otros pueblos burgaleses? Buena pregunta. Aquí hay que poner algo de imaginación y pensar en que son copias de las batipuertas de Candelario. ¿Es que acaso llegó algún carpintero de aquella zona, construyó una y a continuación, viendo los vecinos que aquella era una genialidad fueron sustituyendo las que tenían, menos prácticas, por las salmantinas? Pudiera ser, y también que un mismo carpintero las fabricara todas. En todo caso, la transformación pudo tener lugar en el siglo XIX, como parece desprenderse de que cada casa con este tipo de puertas esté fechada en este siglo. Lo de los colores es punto y aparte: no hay una puerta del mismo color, y todas con unos tonos tan apropiados que solo merecen felicitaciones, como podéis ver en la colección que os adjunto.
Volveremos a hablar de Ahedo de Butrón, todavía quedan sorpresas, y de las grandes. 



sábado, 8 de abril de 2017

RUPELO, UNA PORTADA DE ENSUEÑO


Ocho angelitos que la guardan

Del más puro clasicismo

Maravilla vertical

FOTOGRAFÍAS: Portada de la iglesia parroquial de Rupelo (Tomadas en abril e 2017)

 ¿Cómo llegaron los resplandores el Renacimiento a Rupelo, un humilde pueblo lareño de apenas treinta vecinos cuando nació la maravillosa portada de su iglesia? Lo ignoro, pero uno se queda extasiado viendo el repertorio de  ingredientes clásicos que la conforman, tan perfeccionados, tan elegantes. Ese cortinaje en pliegues que envuelve la fecha de 1563, esos deliciosos jarrones, tan propios de la decoración renacentista, al igual que las columnas estriadas, esos capiteles de ensueño que nos llevan a edificios de la antigüedad... ¿Es que acaso participó en su diseño y ejecución algún arquitecto de la antigua Grecia? Lo parecería, si no fuera porque el conjunto es producto de un sueño. De verdad, queridos amigos de este Cajón de Sastre, merece la pena plantarse frente a esta joya de la arquitectura clásica, disfrutar y agradecer a quien la materializó.

lunes, 27 de marzo de 2017

LA EPOPEYA DE IR A LA ESCUELA


Moradillo del Castillo,  principio de la epopeya


FOTOGRAFÍAS: Ruta de Moradillo del Castillo a La Rad (Tomadas en 2016)


Acudir a la escuela no siempre fue fácil para algunos. Y no lo digo en referencia a países del tercero, cuarto o quinto mundo, sino a lugares más cercanos, tan cercanos como algunos pueblos de la zona del Rudrón.


Atender a los recuerdos de los sobrevivientes en pueblos de La Lora y El Tozo es sumergirse en historias que hoy cuesta creer que  llegaron a ocurrir. ¡No es posible, pero si no ha pasado tanto tiempo, si esto que me cuentan fue ayer!, exclamamos en nuestra incredulidad. Pues sucedió, y no hace muchos años, para nuestra admiración. Hoy, queridos amigos de este Cajón de Sastre, os traigo una historia que desde que me la contaron no he dejado de pensar en ella. Se trata de una historia de abnegación y sacrificio como pocas he conocido, una historia de esfuerzo por un grande y simple afán, tan grande y tan simple como el de acudir a la escuela. 


Río Rudrón a su paso por el molino del Zurdo,
aquí comienza la aventura 


Cruzar el río Rudrón, a veces loco de bravura, subir cuestas de máximo desnivel, atravesar pandos y cuetos, caminar por estrechas sendas entre riscos,  bordeando barrancos, entre el sombrío de las carrascas, combatiendo vientos invernales, en amaneceres nevados de ida y anocheceres de lluvia de vuelta. Todo eso y más fue la normalidad de chicos de algunos pueblos del Rudrón para ir a la escuela, la misma normalidad que para el resto de vecinos que querían ir a la ciudad. Es una epopeya de cuando nadie tenía coche, de cuando algunos escolares de Moradillo, Rasgabragas, San Andrés, Ceniceros o Santa Coloma habían de desplazarse andando, o como mucho en borriquillos guiados por algún mayor, a la parada de autobús más próxima, a la de aquel coche de línea (¡coche de línea, qué expresión tan bonita y ya casi olvidada!) que habría de llevarles la escuela en la capital. Y no un día, sino todos los días del curso. Gente brava aquella, que recorría entre doce y catorce kilómetros hasta las paradas en los cruces de las carreteras de La Rad y Santa Cruz con la de Aguilar, todos los días, escalando con sus cuadernos y libros escolares. Los vecinos de estos dos pueblos los veían pasar a la ida si estaban despiertos, y los veían pasar al regreso si aún no había caído la noche. Era algo normal y así me lo contaron, no uno, sino dos sobrevivientes, dos guardianes de la memoria que lo conocieron, uno de La Rad (Jesús) y otro de Moradillo del Castillo (José Antonio). 

Para los amigos del senderismo, propongo como una nueva ruta el trayecto que los chicos del Rudrón hacían para ir a la escuela. Creo que os resultará emocionante. 



El camino pasa por la cascada de La Calzadilla


Comienza la ascensión

Transitando escondidos barrancos para llegar
a una escuela lejana

Poco antes de la parada del autobús los chicos
pasaban por La Rad


lunes, 20 de marzo de 2017

EL ROBLE SESTEADERO

     
Parece dispuesto a echarse a andar
                    

Un roble para la siesta, del ganado y sus pastores

         
Las hogueras no consiguieron acaba con él,
es más fuerte que todo eso



FOTOGRAFÍAS: Roble Sesteadero, en Higón. (Tomadas en marzo de 2017)
l
Acaba de cumplirse el octavo aniversario de la plantación del Árbol de la Provincia, la encina de todos. Fue el 14 de marzo de 2009 en Jaramillo de la Fuente. Y se me ocurre que nada mejor para homenajearle que añadir a la colección de árboles ancianos de Burgos, expuesta en el Centro de Usos Múltiples de esta villa, un compañero más, uno que aún no conocía y que tiene méritos sobrados para figurar en dicha muestra. Se trata del Roble Sesteadero, un fantástico ejemplar localizado en Higón, fronterizo con el Monte Hijedo, en el sitio que llaman El Sesteadero, por alusión a las siestas que el ganado echaba bajo su sombra. El pobre está maltratado, pues hay quien ha encendido hogueras en su hueco vientre, pero parece gozar aún de buena salud. Todos le deseamos larga vida.

    

jueves, 16 de marzo de 2017

LA LLAMADA DEL HUERTO


 
Arte del terruño


FOTOGRAFÍA: En Jaramillo de la Fuente (Tomada en 2014)

Ya han llegado, Aire, ya los veo encorvados. Se fueron tras el verano, en el otoño, cuando amenazaba el invierno, y ahora vuelven en visitas efímeras para roturar sus huertos de toda la vida, los que antes trabajaron sus padres y abuelos, los de sus tatarabuelos. Sí Lluvia, el olor de la tierra en marzo los reclama, y la geometría y el sudor del surco: hacen arte sin saberlo. Pero, dime, compañera, cuando estos últimos recalcitrantes, que llevan en su genoma la continuidad del esfuerzo, ya no puedan ni siquiera con el pequeño terruño, ¿quién lo labrará y sembrará?  Se hará selva, Aire, porque mi riego no será en baldío.


martes, 7 de marzo de 2017

LA NUBE, LA SENDA DE LA LUZ


Ruinas del molino de Hoyos del Tozo

Palomillas que acogieron la luz
salida del molino



FOTOGRAFÍAS: Molino de Hoyos del Tozo (Tomadas en febrero de 2017). Central de Robles sobre el río Rudrón (Tomadas en 1973 y febrero de 2017). 
                                           

Sueños de humanos, Aire, primero llenaron nuestros caminos celestes de voltios, invisibles, vertiginosos, y ahora vuelven a competir con nosotros formando nubes repletas de ocurrencias nuevas. Nube, llaman a la primera que han creado. Pero que no te confundan, compañero Aire, si acaso la vieras, que sepas que no es de las mías, ni como las mías, es incipiente y ya es oronda, es invisible, como la electricidad atómica, y me resulta difícil sortearla, parece estar en todas partes, incluso en los días rasos. Algún día tendremos que pleitear con esta usurpadora de nuestro espacio. ¿Te refieres Lluvia a esa nube que dicen que no da truenos, ni agua, ni chispas, que solo guarda chatarra, desperdicios de ocurrencias y pasatiempos humanos? Sí, a esa me refiero. Pero aún sé poco de ella, quizá en alguna parte encuentre una gafa de muchas dimensiones para ver lo que contienen las tripas de esta intrusa. Entonces te diría lo que vi en su interior, te diría también si merece la pena pinchar el globo. No lo hagas, lluvia, no seas tan dura con ellos, los enterrarías con las cenizas de su propio desquiciamiento. ¿Para qué y para quién habrías de llover entonces, para qué y para quién mis brisas y mis aullares? 

(De Ecos de la lluvia y el aire)



Central de Robles.
Esqueleto de una historia eléctrica sobre el Rudrón
La Central de Robles hoy,
con las cuencas de sus ojos vacías 



        LA SENDA DE LA LUZ

Nada que ver la fiebre anterior con la senda de la luz que hoy os propongo a orillas del río Rudrón, queridos amigos de este Cajón de Sastre, nada que ver, creo. Pero hay algo de luz, algo eléctrico en ella, que aviva la memoria. Quizá sean los  voltios detenidos que salieron del viejo molino de  Hoyos del Tozo y de la central eléctrica cuyo esqueleto aún puede verse aguas abajo de aquel río encajonado. Si los voltios tuvieran color, los veríamos escalando por los inmensos paredones rojizos, por los rascacielos donde moran los buitres.   
Aún recuerdo los cables salidos de aquellos dos centros de producción. En mi primera visita, el molino ya había muerto, aunque el cuerpo yacía presente, pero la central estaba viva, al menos su edificio, todavía no vandalizado. Llegó a producir luz para cerca de veinte pueblos del Tozo-Rudrón. ¡Qué maravilla! Era la de Celso Robles, la que este iluminado de los voltios decidió instalar aprovechando el torrente de un río entre peñascales, deslumbrado por recién salido de la cueva.  
De la Central de Robles, nacida en 1948, tengo un triste recuerdo. Es una historia de coincidencia. En uno de mis paseos por esta senda de la luz llegué a ver lo que nunca hubiera querido ver, la central profanada, saqueada hasta el infinito por las hienas que siempre esperan el abandono. Con todo abierto, desparramadas en el suelo se hallaban láminas de dibujos escolares, muy cuidadas, que me resultaron familiares, tanto que podrían haber sido mías, pues yo las tenía (aún tengo) prácticamente idénticas. Pronto salí de la sorpresa, pues las obras estaban firmadas por Faustino Robles, hijo del dueño de la Central, aquel que, por el apellido Robles, le tocó ser compañero mío de pupitre en la escuela. Las láminas eran bellísimas y fue muy triste verlas de ese modo despreciadas; tantos desvelos, tantos trasnoches para acabar así, mancilladas en el suelo de la central, sobre la turbina apagada. 


En 1973 la Central todavía  se conservaba con cierta dignidad