Elías Rubio Marcos y su "CAJÓN DE SASTRE"

Recopilación de artículos publicados y otros de nueva creación. Blog iniciado en 2009.

lunes, 21 de mayo de 2018

LOS MILAGROSOS HUESOS DEL CONDE FERNAN GONZÁLEZ Y DEL EREMITA PELAYO (1) O LO QUE PUDO HABER SIDO UNA EXTRAORDINARIA LEYENDA


        Un amigo me suele decir que Internet es un basural en el que de vez en cuando puede encontrarse una joya. Yo no estoy de acuerdo con lo primero, me parece demasiado exagerado y brutal, pero sí en la posibilidad de lo segundo. Rebuscando, rebuscando, y sobre todo separando el trigo de la paja, uno puede encontrarse con joyas como la que yo mismo encontré hace tres años y que me dio pie para escribir el pequeño artículo divulgativo (digo pequeño porque el tema hubiera podido desarrollarse mucho más de caer en manos y ojos de algún sesudo historiador ) que a continuación veréis y que entonces dejé abandonado. En el artículo, queridos amigos y seguidores de este Cajón de Sastre, se hace referencia a un documento de los Archivos de los Duques de Osuna, fechado en Covarrubias en 14 de noviembre de 1510 (que encontré rebuscando en PARES) en el que varios testigos, naturales del pueblo burgalés de Castrillo de Solarana, juraban haber percibido ciertos golpes y estruendo en los sepulcros del conde Fernán González y del monje Pelayo en el monasterio de San Pedro de Arlanza. ¡Ahí es nada, ruidos que salían de sepulcros cerrados hace siglos! La cosa no tenía desperdicio.
        Ya digo, el artículo lo tenía arrinconado, abandonado. Hoy, sin embargo, he pensado que quizá a alguno de vosotros pueda interesarle y que sería injusto por mi parte no compartirlo. Así que, aquí va: 


FOTOGRAFÍAS: Monasterio de San Pedro de Arlanza (Tomadas en otoño de 2015)




Ruinas del monasterio de San Pedro de Arlanza


 
Preside el acceso al monasterio el conde Fernán González

                    

            “... y haciendo oración cerca de la sepultura del conde Hernán González,  a hora de queriéndose poner el sol, oyeron gran ruido y estruendo dentro de la dicha sepultura  del dicho conde”.

Testigo Juan de Aranda


            “... e  llegando al monesterio de señor San Pedro de Arlanza , era ya cuasi noche e acordaron de quedar allí aquella noche e entraron a la  yglesia a facer oración, e este testigo oyo ciertos golpes en la sepultura del conde Hernán González, e mirando hacia ella, commo oyó los dichos golpes en lo baxo de la dicha sepultura, este testigo ovo [tuvo] gran pabor y miedo, e  saliose de la dicha yglesia lo más presto que pudo”. 

Testigo Juan Pérez, hijo de Hernando Delgado, vecino de Castrillo de Solarana


“... e mirando la dicha/26 sepultura oyó vn golpe reçio dentro de la dicha sepultura, e este testigo dixo golpes dan aquí dentro, e llegándose a ver más çerca ovo mucho temor e se le expelucaron los cavellos e no osó estar más allí, e así se salió con los otros que yvan ya delante e los alcançó en medio de la claustra”. 

Testigo Pero Sanz


“... e estando hincado de rodillas haciendo oración oyó ciertos golpes a manera como si diesen dos lanzas de armas una con otra, e le pareció que los dichos golpes y ruido eran hacia el altar cerca de la sepultura de San Pelayo”. 

Testigo Alonso Crespo


 “... oyó tres golpes como en hueco hacia, al parecer de este testigo, cabe la sepultura de San Pelayo, y como lo oyó así como estaba hincado de rodillas, volvió la cabeza de un lado a otro por ver si se hacía por alguna persona, y como no vio nada se levantó y salió hacia la claustra”. 

Testigo Hernando de Juan Delgado



Podría haber sido una preciosa leyenda y haberse trasmitido de boca en boca, de generación en generación hasta nuestros días, como tantas lo hicieron en torno a figuras heroicas del medioevo que resucitan para ayudar en batallas cruciales del cristianismo. Pero no, los hechos prodigiosos que aquí se van a reflejar, “ocurridos” en el monasterio benito de San Pedro de Arlanza, con la figuras del conde Fernán González y del eremita Pelayo y los huesos movientes de sus sepulturas como protagonistas, aún siendo merecedores de ello, parece  que no tuvieron la suerte de convertirse en relato para la trasmisión oral, al menos no hemos podido registrar en nuestras encuestas nada parecido; o si la tuvieron, fue con una caducidad de la que nada sabemos. El testimonio documental que aquí se adjunta, donde se recogen dichos hechos, de increíble elaboración y con no menos sorprendente pátina de veracidad, resulta, pues, de extraordinario valor para el conocimiento y estudio de las leyendas burgalesas, más si se tiene  en cuenta que lo que en él se expresa no es copia de un cantar de gesta, poema,  crónica o cualquier otra manifestación literaria, sino que se trata de un documento “formal” e independiente; aunque bien es cierto que pudiera estar inspirado en escritos anteriores (fray Gonzalo de Arredondo, abad de San Pedro de Arlanza), como se sugiere en una parte del documento.

“... dado muchos golpes vnos con otros, segund dixo/7 que otras veçes auían fecho en tienpos que auían guerras contra los in-/8 fieles, e quando se ganó dellos el reyno de Granada por el dicho señor/9 rey don Hernando segund lo mostró por vn testimonio signado de/10 escrivanos públicos fecho del dicho tienpo, de donde se espera con la/11 ayuda de nuestro señor e de su cavallero el conde Hernán Gonçález, a qual/12 se rece ser levantado e enviado en socorro e ayuda de los christianos que aca-/13 baran esta santa jornada”.

No puede caber duda de que los monasterios, además de poder, tenían imaginación, y que las dos cosas juntas iban de la mano para su  engrandecimiento. Con la deturpación de hechos históricos, o la creación de algunos que nunca sucedieron, convenientemente propagados como milagro, trataban de arrimar el ascua a su sardina, de crear emociones y estados de opinión, (a fin de cuentas, de manera similar a como se hace hoy en los medios televisivos, audios y escritos). Hay que ponerse en época y momento y ver a los monjes de los monasterios en sus “reuniones editoriales”, cada tiempo con su correspondiente abad, tratando de crear documentos en los que se adulara y engrandeciera a los amigos benefactores, generalmente reyes y nobles, y se menospreciara al enemigo infiel, durante mucho tiempo la “secta mahomética” o la “abominable secta de Mahoma”, que de ambas formas, entre otras, se le llega describir en el documento que comentamos. Haciéndolo así, la casa monacal y la institución a la que representaba se hacían más poderosas. Una vez ideada y decidida la historia que nunca existió, el o los escribanos de turno en el convento habían de ponerse manos a la obra en su celda o scriptorium. Resulta ciertamente enternecedor imaginar la figura de un concentrado monje escribiendo y adornando, en culta escritura cortesana, a la luz de un humeante velón, hechos de ficción que el “consejo editorial” le dictó, dándoles carácter de veracidad, y luego al encargado archivero guardando el legajo en los cajones de la historia del convento. Esto podría haber ocurrido con la maravilla de documento del que aquí hablamos y que en el A.H.N, Fondo Duques de Osuna (legajo nº 40, Documento nº 8) se guarda con el encabezado “Información de cierto milagro sucedido con los huesos del Conde Fernán González que estaban sepultados en la iglesia de San Pedro de Arlanza”.

Quizá sea este documento manuscrito, más que otras historias y crónicas del abad de Arlanza, fray Gonzalo de Arredondo y Alvarado, que nos hablan también de huesos movientes del conde y del monje Pelayo ya en 1483, la fuente en la que, un siglo más tarde, fray Antonio de Yepes pudo haber bebido para escribir su propia versión de los portentosos hechos, como sugiere su comentario De estos últimos acontecimientos tan notables y movimientos que hicieron los huesos del Conde hay una información muy larga que yo he visto”. Fechado en 1510, se relatan en este documento, bajo juramento sobre una cruz “dibujada” en los Santos Evangelios (“sí, juro”), y con lujo de detalles por los varios testigos que los presenciaron, que declararon “secreta y apartadamente” ante notarios públicos y apostólicos, escribanos y alcaldes, más un clérigo de la iglesia de “Santo Thomé”, de Covarrubias, que asistió como procurador en representación del abad de San Pedro de Arlanza, los hechos que acontecieron en el monasterio del “señor San Pedro de Arlanza” los días 5 y 9 de septiembre de aquel año. En síntesis, estos se resumen en lo siguiente:


“A LA HORA DE QUERIÉNDOSE PONER EL SOL”


Varios vecinos de Castrillo de Solarana, que volvían como romeros del santuario de Nuestra Señora de Valbanera, hacen un alto en su camino para hacer oración en San Pedro de Arlanza, monasterio que les pillaba de paso. Según declararon estos peregrinos, mientras hacían oración en dicho convento, “un día a hora un poco antes que se pusiese el sol, y el otro en poniéndose el sol”, oyeron “grande estruendo y ruido y dado muchos golpes unos con otros” que salían de las sepulturas del conde Fernán González y del “santo monje Pelayo”, que estaba enterrado también, según se refiere en dichos interrogatorios, cerca del altar de la iglesia. Al parecer, aquellos ruidos eran la forma de manifestar el apoyo que Fernán González y el citado monje, una vez muertos, daban a los ejércitos cristianos cuando estaba a punto de producirse algún hecho de armas relevante. Y es que, según se explica en el documento, “Dios Nuestro Señor, mostrando sus gloriosas y grandes maravillas y manifestándolas a nosotros, por sus santos y escogidos siervos para que con más celo le conozcamos y sirvamos y temamos y confesemos su gran poder y milagros infinitos...”, dota a estos siervos, “mediante su inmensa bondad, de especial gracia para ayuda y reparo en defensa de estos reinos de donde son naturales”.

Especial gracia debieron tener, en efecto, el conde burgalés y el monje Pelayo, para que, una vez muertos, sus huesos se revolvieran en sus sepulcros, chocaran entre sí y produjeran gran estrépito en determinadas ocasiones. Resulta ciertamente extraño que sucesos tan extraordinarios como los descritos, donde muertos resucitan, no llegaran a propagarse como leyenda y a asentarse en la tradición oral de los pueblos, en especial de los de tierra de Lara. 



El conde Fernán González en plan belicoso



(1) PARES (PORTAL DE ARCHIVOS ESPAÑOLES)
 A.H.N. OSUNA C40 D19
Portada
ARCHIVO HISTÓRICO NACIONAL/1
OSUNA/2
LEG. 40 ; nº 6 /3
Información de cierto milagro sucedido con los/4 huesos del Conde Fernán González que estaban sepulta-/5 dos en la Iglesia de San Pedro de Arlanza./6
(HOJAS 1-6)/7


martes, 8 de mayo de 2018

LAS CHOPAS DE SALGÜERO


Chopo con título de chopa
De la tala de hace cinco años salen dedos
 a buscar la luz
Dignidad de chopa, digna ancianidad
Guardianes del río



FOTOGRAFÍAS: Chopas del arroyo Salgüero (Tomadas en mayo de 2018)

 Querido Sauce del Puente:
Como te prometí ayer, fui por la tarde a tierra de Juarros para ver a tus hermanos, muchos, por cierto. Pero si te soy sincero, sentí cierta frustración, pues no son sauces, como llegué a intuir de tus palabras, sino chopos de ribera, o más bien chopas, porque todos han alcanzado, por su antigüedad y volumen, la dignidad femenina, privilegio solo reservado a pocos árboles. De acuerdo: son tus hermanos porque son vegetales, como tú, pero no sauces. En todo caso, te diré, querido Sauce del Puente, que quedé maravillado de su monumentalidad y de verlos tan bien ordenados junto al cantarín río que baja de Salguero. ¿Te puedo hacer una confidencia? ¿Sí? Pues bien, te la haré: a lo largo de mi vida he pasado infinidad de veces por esta carretera juarreña,  casi siempre en época invernal, tiempo difuso, sin hojas, pelón. Quizá por eso también yo, en la distancia, confundí siempre los troncos de estos chopos con sauces. Y te diré más: una y otra vez prometí bajarme del coche y acercarme a ellos, para identificarlos y abrazarlos, pero nunca lo llegué a hacer, hasta ayer, cuando los nubarrones y centellas de tormenta amenazaban con romper la calma de tierra de juarros. Te dejo estos retratos de familia que pude obtener para que los guardes en el vientre de tu tronca, y los mires de vez en cuando en tu soledad junto al puente sobre el Ubierna.  



Salgüero de Juarros, un remanso para soñar


  

domingo, 6 de mayo de 2018

EL SAUCE DEL PUENTE

    
El Sauce del Puente con larga cabellera de invierno


FOTOGRAFIA: Puente sobre el Ubierna, marzo de 2018

        Estoy aquí hace más de un siglo y tú me has ignorado. Sé que te han interesado encinas, robles, hayas, castaños, tejos, sabinas, morales e incluso humildes chopas. De todos ellos guardas memoria en tu baúl de los árboles longevos. Por eso me duele más que te hayas olvidado de mí, sauce entre los sauces, que vengo oyendo el murmullo del Ubierna cien años antes de que tú nacieras. He visto pasar por el puente de Ortega a muchos labriegos con sus pollinos llevando pesados costales al molino cercano, y podría contarte historias de leyenda que mucho te interesarían. Pero tú me habías ignorado. Tengo hermanos en Juarros que te hablarán de mí, ve, pregúntales.
        Disculpa, sauce entre los sauces, pronto iré donde me dices. 
  

martes, 1 de mayo de 2018

DESPOBLACIÓN Y PATRIMONIO


Artística portada, con leyenda y escudo, datada en 1727

Desde el exterior parece estar completa, 
dentro reina la ruina

Sorprenden cuatro hornacinas juntas,
bajo una cubierta que ya no está  



Dentro crecen los árboles 

Una obra hecha a expensas de un 
"caballero del hábito de Santiago"


FOTOGRAFÍAS: Ruinas en el valle de Valdelucio (Tomadas en abril de 2018)

        Uno de los efectos colaterales (¡colaterales!, ¡ni que habláramos de una guerra!) de la despoblación de nuestros pueblos es la degradación y desaparición del patrimonio histórico, artístico y etnográfico. Quienes desde hace tiempo nos dedicamos a recorrer la provincia de Burgos lo sabemos muy bien, tras haber comprobado, año tras año, visita tras visita, que lo que un día conocimos en pie, hoy, tras el abandono de los vecindarios, lo vemos reducido a escombros.
        Muchas veces hemos llamado la atención sobre el estado de algunos monumentos (no por humildes menos valiosos) a los que no se les ha prestado ni presta ninguna atención. “El pueblo se quedó vacío, luego el patrimonio ya no sirve, lo olvidamos”, parece que aceptamos todos con naturalidad. Presumimos de la riqueza patrimonial de Burgos, pero no hacemos ni una mínima parte de lo que podría hacerse para su salvación.
        Podríamos hacer una lista de edificios-patrimonio, eclesiásticos o civiles, que ya son prácticamente irrecuperables, pero sería interminable y sobrepasaría el reducido espacio que desde un principio nos propusimos aquí. Quizá algún día alguien haga esa lista, y entonces todos nos llevaremos las manos a la cabeza.
        “Deberían cuidar de que esto no se cayera, porque forma parte de su historia”, recomendé  recientemente, inocentemente, a un hombre que encontré en un pequeño pueblo de Valdelucio tras haber visto su interesantísima iglesia arruinada. Su respuesta fue lapidaria: ”Pero cómo, si aquí vivo yo solo”.
        Tanto la despoblación, como la conservación del patrimonio rural son batallas perdidas, lo sé, pero causa dolor e impotencia ver cómo tantas maravillas desaparecen ante nuestro ojos. Las imágenes que aquí dejo, queridos amigos de este Cajón de Sastre, corresponden a la maravilla de Valdelucio que antes he citado. Seguro que, como yo, disfrutaréis con dolor al contemplarla.
        Al menos que quede registro de ella.

domingo, 29 de abril de 2018

UN PORTILLO EN EL ESPINAZO DE VALDELUCIO

Paso excavado y contrafuerte ciclópeo

Desde El Portillo, a lo lejos, se ven Barrio y La Riba 


FOTOGRAFÍAS: El Portillo, Barrio-Lucio y la Riba de Valdelucio (abril 2018)

        Fueron tiempos de portillos, de excavaciones en las rocas para pasar de un lado a otro, para atravesar montañas y cordilleras imposibles y evitar grandes rodeos. Fueron tiempos en los que nada se interponía en la comunicación de pueblos y lugares, bien para la relación entre vecinos o bien para aprovechar bienes o riquezas “del otro lado”. Nada asustaba, y si había que enfrentarse a las peñas hasta desgajarlas, abrir paso donde no había, se hacía con valentía y decisión, utilizando pesados mazos y picachones; no importaba el tiempo empleado ni el esfuerzo megalítico si al otro lado se encontraba el familiar o el amigo querido, las buenas tierras de cultivo o los verdes pastizales para los ganados.
        Hoy, queridos amigos de este Cajón de Sastre, os traigo un paso nuevo de montaña, uno más que añadir a la larga lista de los que ya llevamos guardados en este Cajón de Sastre. Localizado en el valle de Valdelucio, era conocido como “El Portillo” y servía para comunicar los pueblos de Barrio-Lucio y La Riba con los del otro lado del espinazo que parte en dos al valle de Valdelucio (Respenda, Mundilla, Villaescobedo...), así como también para acceder a los ricos pastos de Berrón, abajo del “espinazo”, hoy patatales, pero ayer buenos y extensos praderíos. Alguien nos contó, en este sentido, que fue facilitar el acceso del ganado de Barrio y La Riba a estos pastos el motivo principal para la abertura de El Portillo.
        Si hubiéramos encontrado vecinos suficientes en lugar de vacíos lugares, seguramente nos hubieran descrito relatos con alma en relación a este Portillo, pero la despoblación se llevó la memoria a peor vida. Aun así supimos de novios de uno y de otro lado que en numerosas ocasiones lo atravesaron para sus encuentros amorosos. 

jueves, 26 de abril de 2018

UN MÁGICO TAPIZ DE JACINTOS

         
 
Un bosque teñido de azul.

Jacintos para los sentidos


FOTOGRAFÍAS: Bosque de Hallerbos (Tomadas en abril de 2018) 

Y otra vez en Bélgica, queridos amigos, por aquello de que un tal Erasmus me robó una hija hace veinte años y ya no la soltó. Pero el robo tuvo sus compensaciones, pues en cada visita hemos ido descubriendo nuevas cosas y gozado de las muchas maravillas que encierra el país de Brel. En esta pasada semana hemos descubierto que Bélgica está sumida también en el Cambio Climático; cómo, si no, explicar que en el mismísimo abril (nuestro abril ruin) las temperaturas alcanzaran, cada día, 26 grados y que el sol lleno acompañara hasta casi caer la noche. Bueno, esto no sé si fue gozo, pues todo lo intempestivo tiene sus consecuencias. Eso sí, los bruselenses lo disfrutaron como nunca, no había más que ver sus calles y terrazas atestadas de gente veraniega. 
Pero en realidad, lo que yo quería contar es otra cosa, es sobre la suerte que tuvimos de haber sido testigos del maravilloso espectáculo de los jacintos en flor en un bosque situado a tan solo quince minutos de Bruselas. No lo esperábamos, ni siquiera lo conocíamos, y por no esperarlo fue una sorpresa de esas que dejan gratísimo recuerdo. Es en ocasiones como esta en la que uno se da cuenta de lo importante que es estar en el lugar y en el momento indicados para ver o sentir algún tipo de acontecimiento afortunado. Hay quien (de distintas parte del mundo), recorre miles de kilómetros para ver el milagro de la floración de los jacintos en el bosque de Hallerbos (cerca de Halle), como en nuestro país otros lo hacen para ver la floración de los cerezos en el valle del Jerte. Las visitas a este gran bosque encantado, tapizado de azul en estos días de abril, son masivas, y eso está bien, porque quien se mueve para ver flores tiene un cielo ganado.
Guardamos esta maravilla natural en el cajón de Arte en la Naturaleza, el que hacía tiempo que no abríamos.  


lunes, 9 de abril de 2018

VENTANAS DE BURGOS Y ROSETAS HEXAPÉTALAS

Roseta hexapétala en estela romana
(Reaprovechada en casa de Revilla del Campo)
     
Rosetas hexapétalas en la ermita visigótica de
Quintanilla de las Viñas

Rosetas hexapétalas en celosía prerrománica
del santuario de Villacisla (Presencio) 
Roseta hexapétala, solitaria en iglesia tardorrománica
del valle de Zamanzas



 FOTOGRAFÍAS: Rosetas en distintos lugares de Burgos (Tomadas entre 2010 y 2018)

De nuevo abrimos el arcón de las ventanas, esta vez para guardar algunos ejemplares burgaleses que como característica común tienen grabado en alguna de sus partes el conocido símbolo de la roseta hexapétala. Pero permitidme, queridos amigos, que antes de presentar estas ventanas, y otras que aparecerán más adelante, haga alguna consideración sobre dichas rosetas y sobre su campo de distribución en Burgos, que en realidad es toda la provincia, aunque con mayor presencia en el gran norte. 
El tema de las rosetas hexapétalas tuvimos ocasión de comentarlo hace algunos años (2010) cuando describíamos dinteles y dovelas en portadas de  Cantabrana. Veíamos entonces, gráficamente, que cada casa de este lugar Caderechano tenía grabadas uno, dos, tres o cuatro de estos signos, la mayoría arropando a una cruz latina igualmente grabada, y lo asociábamos a signos apotropaicos, es decir, a símbolos protectores de las casas, teoría aceptada por la mayoría de autores que han dejado sus trabajos sobre este tema en la Red de Internet. 


Rosetas hexapétalas en dovela de portada
(Cantabrana)

Rosetas hexapétalas en dovela de portada
(Cantabrana)

Rosetas hexapétalas en dovela de Cantabrana
(Fechada en 1747)


Con respecto Cantabrana, donde las rosetas son muy numerosas,  como ya he dicho, me surgió una duda: ¿Cantabrana era un caso único o también en los demás pueblos del valle este signo estaba presente y con igual profusión? Tenía que comprobarlo, y una mañana gris del pasado marzo recorrí todos los pueblos caderechanos en busca de hexapétalas. Pero tengo que decir que mis pesquisas fueron inútiles, ya que, sorprendentemente, ni una sola más pude encontrar. ¿Qué fue, entonces, lo que ocurrió en Cantabrabana para que todas sus casas estuvieran “adornadas” con estas rosetas? ¿Fue una moda del siglo XVIII (todas las casas son de esa época), un contagio de los constructores que las levantaron, sin más intención que la de adornar, como me insinuó un amigo arqueólogo, o había algo de mayor enjundia detrás?  No era desechable la idea de mi amigo, desde luego, pero no me dejó satisfecho, prefería y prefiero  creer en algo más trascendente. Todo ello picó mi curiosidad.

Y en Cantabrana nos habíamos quedado, hasta que pasados los años, en días recientes, tropecé con una ventana en Báscones de Zamanzas que por tener hasta 16 rosetas hexapétalas grabadas en su marco exterior, me pareció una rareza, algo extraordinario. ¿Cómo, si no, explicar tal cantidad de ellas para una sola ventana? Si nos atuviéramos a la citada utilidad protectora sería lícito preguntarnos: ¿es que quizá el dueño de esta casa (ahora en ruinas y probablemente de una familia hidalga (a juzgar por la nobleza de sus muros y ventanas) era sumamente supersticioso o temeroso y pensaba que con tanta roseta protectora él y su familia estarían a salvo de todo, como lo estarían también sus animales, o quizá eran solo un motivo ornamental? Preguntas importantes para las que aún hoy no tengo respuesta.


Ventana en Báscones de Zamanzas
con 16 rosetas hexapétalas en posición de simetría

Estaba, pues, metido de lleno en el proceloso mundo de las rosetas, un tema para mí nuevo y al que sesudos autores han dedicado su tiempo y encontrado soluciones al enigma de su presencia en tantos lugares, en tantas piedras labradas, inmuebles, muebles, artesanías... Unos llegan a decir que ya en la Edad del Bronce era conocido este símbolo (no he visto todavía prueba alguna de esto, pero intentaré encontrarla), otros nos remiten a divinidades, a los astros, coincidiendo la mayoría en que la hexapétala es la representación del sol (cultos solares), y que fue utilizado por los celtas, por los romanos (estelas, sarcófagos, etc.), o que se trata de un signo pagano, que pervive en el tiempo y que fue asimilado en el cristianismo a través del mundo visigodo. A todo eso nada tengo que añadir, quizá como autodefensa, pues, como me pasó con las marcas de cantería medievales, que por muchos cientos recogí hace años, tuve que abandonar su estudio seguro de que habría de llevarme a la simple especulación, cuando no a perder la cordura.
Así pues, me limitaré a dejar aquí una serie de ventanas (a veces también puertas y portadas) de Burgos donde dicha roseta está presente, y después, que cada uno haga sus propias interpretaciones. Tal vez algún día, cuando cerremos el capítulo de las ventanas y a través de ellas hayamos podido crear una estadística, lleguemos a algún tipo de conclusión; quizá a través de las circunstancias de cada una podamos distinguir entre las rosetas hexapétalas, heptapétalas y otras de más o menos pétalos que fueron simples adornos, de las que tuvieron una misión protectora, si es que esta distinción en verdad pudiera darse.


Roseta hexapétala junto a escudo
        (Quintanarruz)

Roseta hexapétala en dintel con VITOR fechado en 1782 
(Ruinas de Tamayo)

Rosetas hexapétalas en casa rectoral de
Villanueva de Río Ubierna (1675) 


Rosetas hexapétalas bajo ventana y en portada de la
iglesia de Tudanca


Rosetas hexapétalas en portada de casona hidalga
(Turzo)

Rosetas hexapétalas en ventana de
Sargentes de la Lora


No me resisto, sin embargo, a dejar constancia de una realidad que he constatado: el mayor números de rosetas que llevo vistas en Burgos se encuentran en casas y elementos arquitectónicos del siglo XVIII, bien sea en dinteles de ventanas o en arcos y dovelas de portadas. Buena prueba son las citadas casas de Cantabrana y las sorprendentes portadas de Turzo, Quintanilla Escalada y Tudanca, que aquí podéis ver.


Rosetas hexapétalas en casa hidalga de Quintanilla Escalada

Rosetas hexapétalas en portadas de casona blasonada
(Turzo)




martes, 3 de abril de 2018

UN COLMENAR RESTAURADO EN LOS ALTOS

Un colmenar en el monte...

... admirablemente conservado

Dujos tradicionales


FOTOGRAFÍAS: Colmenar de Los Altos (Tomadas en abril de 2018) 

Por si alguno se deprimió al ver la ruina de la entrada anterior, hoy, para compensar, propongo un ejemplo de lo contrario: la restauración de un bien patrimonial “menor”, como es un colmenar. Me ha parecido un hecho extraordinario, pues esta restauración se debe a un particular y no a ninguna institución u obligada normativa, algo que es justo valorar y que nos debería llenar de gozo si no fuera porque los casos aislados no suelen ni deben conducirnos al optimismo. 
Quizá a alguno de vosotros, queridos amigos de este Cajón de Sastre,  os parezca un exceso traer aquí un único colmenar, habiendo tantos y tan variopintos conjuntos de ellos en la provincia, pero cuando un elemento etnográfico, por humilde que sea, ha sido tratado por su dueño como un bien patrimonial digno de conservar, lo ha restaurado con tanto mimo y respeto, sin más compensación que la de ver que lo que recibió de sus antepasados no se ha perdido o perderá, debemos valorarlo de manera muy positiva, mucho más sabiendo que el bien restaurado no le va a reportar ningún beneficio económico.
Este es el caso de un colmenar del Municipio de Los Altos, pintoresco donde los haya y que aquí dejo hoy para vuestra admiración y valoración. Veréis en el interior del cuadrilátero de piedra un puñado de dujos tradicionales dispuestos sobre bancadas, unos dujos que, ya sin uso, vacíos de abejas, se encuentran perfectamente cuidados. Y es esto lo que más llama la atención de todo, incluso más que su antigüedad (que la tiene y de  siglos), ¿cómo, si no hay abejas, el recinto y los dujos han sido restaurados con tanto esmero? Algo ejemplar, sin duda.


viernes, 30 de marzo de 2018

PASIÓN DEL PATRIMONIO

 
Descendimiento entre ruinas
                          

Perspectiva clásica, ¿una pista para la datación? 


 FOTOGRAFÍAS: En un  lugar de Zamanzas (Tomadas en marzo de 2011)

        Entre la antología de ruinas burgalesas que aquí llevamos guardada veíamos en reciente entrada las pinceladas policromas de Quintanajuar, los restos murales del conjunto que en su día embelleció la iglesia de este lugar ahora despoblado. Comentábamos que ya que ninguna figura en concreto podía distinguirse en los fragmentos que se conservaban del naufragio, mejor era dejarse llevar por la imaginación. Hoy, en cambio, queridos amigos de este Cajón de Sastre, lo que traigo son pinturas perfectamente identificables que, aunque muy deterioradas, en días recientes encontré en una iglesia arruinada del valle de Zamanzas (no digo el nombre del pueblo para evitar que a alguien se le ocurra ir a visitarlas y tenga un accidente, dado el estado ruinoso del templo). Son pinturas que parece debieron hacer las veces de retablo de altar mayor, quizá porque en su momento no hubo recursos para instalar uno tallado en madera. Otros ejemplos de “retablos pintados” hay en Burgos, ahora me viene a la memoria el de Villanueva del Grillo, del siglo XVI, que pudimos ver aquí mismo en 2011. Dijimos entonces que se trataba de un retablo pintado, algo anterior al que más tarde se colocó de madera y que hoy se puede ver, ya restaurado, en el Museo del Retablo de Burgos.
        Estaríamos, pues, en el caso de Zamanzas, ante un ejemplo más con la singularidad de que la pintura sobre revoco sustituyó al retablo. Bien es cierto que no es una imitación a retablo ni mucho menos aproximada, pues en la obra pictórica ni hay calles ni imaginería representadas, como es lo habitual en este tipo de muebles litúrgicos. Quedaría por saber, no obstante, si como en el caso de Villanueva del Grillo a estas pinturas sucedió un retablo formal y que este hubiera sido desmontado y llevado quién sabe dónde, pero es este un aspecto sobre el que hoy no tengo noticias. En todo caso, lo que queda de la iglesia amenaza con derrumbarse en poco tiempo, y entonces ella y su ornamentación pronto serán solo un recuerdo.
        Por otro lado, la casualidad ha querido que entre las pinturas comentadas (no me atrevo a sugerir su antigüedad) se encuentre, como representación principal y dentro de un gran círculo, una escena del Descendimiento, tan a propósito en estos días de Pasión.  La "Pasión" entre ruinas, podríamos decir, o la "Pasión" de nuestro Patrimonio, también.



Cada vez queda menos

Bella y original basa de columna, restos del naufragio



jueves, 15 de marzo de 2018

EL DINTEL VICTORIOSO DE UNA VENTANA


Tamayo, el doloroso encanto de las ruinas

El moral de la plaza sigue vivo

El abrazo de la hiedra. Ventanas del Siglo de las Luces




FOTOGRAFÍAS: Imágenes de Tamayo (Tomadas en marzo de 2018)

De nuevo en Tamayo. Otra vez en las mismas ruinas, y en algunas más que nacieron y crecieron después. Han pasado más de veinte años desde la última vez que sentí la emoción y el escalofrío que producen las ruinas de este pueblo del silencio, los espectros de las casas caídas, los agujeros negros de sus bodegas, que se prolongan hacia fondos ignotos. Hoy, los fantasmas de sus habitantes siguen despiertos, sobrevolando el esqueleto de la memoria que se esconde entre abrazos de poderosas yedras. Sigue vivo el moral de la iglesia, como guardián impotente de todo lo muerto, compañero del espacio vacío y grafiteado del gran templo gótico. Las ventanas, asomadas a los caminos, a aquellos que un día fueron calles transitadas, son muchas, todas con ojos vacíos por los  que pasan los vientos de un lado a otro a su libre albedrío. Tanto tiempo pasado y las sensaciones son las mismas, no pueden ser otras. Deben ser esas que genera la desolación de grandezas milenarias venidas a menos, la belleza de las ciudades y templos rotos, llámense Palmira, acrópolis ateniense o Pompeya enterrada. En su humildad, pero también en sus residuales y sobrecogedores muros, Tamayo produce ese magnetismo del que uno queda preso, esa fuerza telúrica que nos hace sentir extrañas ensoñaciones, tal vez las mismas que se diagnostican en el “Síndrome de Stendhal”. 



Algo más que un dintel





UN VITOR EN EL DINTEL 

        Si se escudriña bien, por más visitas que uno haya podido hacer, siempre podrá encontrar algo nuevo en una ruina histórica, algún detalle que pasó inadvertido en anteriores ocasiones. Hoy, queridos amigos de este Cajón de Sastre, puedo mostraros una reliquia en forma de dintel de ventana que encontré en días pasados mirando a lo más alto de las casas de Tamayo. La piedra no tiene desperdicio, pues todo su frente está ocupado por variopintas inscripciones, algunas solo trazos decorativos. Llama la atención en el centro un gran VITOR inciso flanqueado por una data: AÑO DE 1782. Y en torno a este vitor una serie de representaciones, igualmente incisas, que nos llevan a un horizonte de símbolos siempre de arriesgada interpretación. Contiene una roseta hexapétala, tan recurrida como elemento protector en infinidad de edificios; lo que parece un pavo real, que quizá, al igual que el vitor, represente un pavoneo más del constructor de la casa por haber logrado su obra o alcanzar alguna dignidad; más dos figuras, quizá árboles, tal vez palmeras, que podrían abundar igualmente en el vanidoso deseo de ostentación por el triunfo alcanzado. En resumen, se trata de un dintel de gran interés, por lo que tiene de original, que entre otras cosas pone de manifiesto el conocimiento que el cantero labrador o el dueño de la casa tenían sobre el mundo de los símbolos. Aunque,  bien mirado, quizá todo lo expresado puedan ser meras especulaciones.