Elías Rubio Marcos y su "CAJÓN DE SASTRE"


Recopilación de artículos publicados y otros de nueva creación

sábado, 27 de agosto de 2016

ESTELAS EN EL CIELO, CAMINOS PARA LA VUELTA



FOTOGRAFÍA: Contraluz en Peñahorada (Tomada en agosto de 2016)

         Aunque ya despunta, mi nieto no sabe aún de gpeses ni de otros instrumentos de la tecnología moderna, pero su perspicacia infantil le lleva a pensar que las estelas que dejan los aviones en el cielo son pistas para su regreso, para no perderse en la vuelta. Me lo dijo este verano, cuando el atardecer agranda los senderos estelares, antes del brillo de las estrellas y  cuando los murciélagos comienzan a removerse en sus colgaduras. Con esa visión a contraluz, y con otras  de semejante lógica, sueño ahora cada noche, antes de la ausencia.


sábado, 20 de agosto de 2016

QUINTANALARA, UNA BIBLIOTECA EN "LA POBRERA"


Lo que fue potro de herrar y pobrera ahora se
ha convertido en una biblioteca popular

Libros y potro de herrar, una combinación extraña y admirable


FOTOGRAFÍAS: Biblioteca de La pobrera en Quintanalara (Tomadas en 2015 y 2016)


       Os voy a confesar una cosa, queridos amigos de este Cajón de Sastre,  y no me duelen prendas en hacerlo: nunca hasta el año pasado supe de la  existencia de pobreras en Burgos, ni en ningún otro lado, ni siquiera había escuchado esta definición hasta que supe de las intenciones de Rubén Heras en Quintanalara, ¡nada menos que la de crear una biblioteca en la pobrera de este pueblo con libros donados por todo el que quisiera colaborar en su invento! Me pareció curiosa e interesante la idea y me acerqué a este pueblo lareño de apenas treinta habitantes. Fue así cómo conocí a Rubén, su alcalde, lo que era una pobrera y el detalle de su proyecto. En cuanto a lo segundo, se conoce como pobrera a un edificio para acoger a los pobres de solemnidad que llegaban a los pueblos para pedir suelo, techo y comida. (hubo un tiempo no muy lejano en el que había mendigos por todos los lados y caminos, y era obligación de los pueblos socorrerlos, cosa que hacían los propios vecinos de manera rotatoria y por adra). Quizá los de Quintalara, para evitar la molestia que podía suponer abrir sus casas a estos indigentes transeúntes, decidieron habilitar esta construcción, que también fue potro de herrar (no sé cuál fue lo primero y cuál lo segundo). Ahora, repleta con miles de volúmenes donados por particulares, la pobrera y su potro se ha convertido en una biblioteca catalogada y abierta, de intercambio continuo, a la que cualquiera y en cualquier momento puede acceder, tomar un libro que le interese y dejar otro de su propiedad que algún día puede interesar a otras personas. Es el sistema que internacionalmente se conoce como “bookcrossing”.

       De los pueblos a veces surgen ideas luminosas que ni en las elites de la cultura de las grandes ciudades. Enhorabuena a Quintanalara. 


martes, 9 de agosto de 2016

SIMULACRO DE JUSTICIA EN LA HOGUERA


Todo preparado para la hoguera de San Juan


FOTOGRAFÍA: Tomada en junio de 2013


[...] Y ya puestos en espantapájaros, me ha venido a la memoria otro antropomorfo de pega en un pueblo del norte de Burgos. Pude verlo, repantingado en un sillón,  en el centro de un amontonamiento inflamable cuyo destino final parecía el de convertirse en hoguera. Fue en junio de 2013, era víspera de la noche de San Juan y el muñeco parecía preparado para el sacrificio en la tradicional hoguera sanjuanera. Se identificaba perfectamente, no por el parecido físico con el personaje real que se quería ajusticiar, sino porque, pegado a su  cuerpo, tenía un cartel en el que se leía su nombre. Se trataba de un popular personaje, salido de la corrupción que nos asolaba por aquellos años, que por respeto a su familia omito deliberadamente. Así como tampoco digo el nombre del pueblo, para que no arrastre para siempre el sambenito de pueblo inquisidor.

El muñeco estaba dispuesto para ser flameado y achicharrado, ya digo, aunque no sé si llegó a consumarse el ajusticiamiento. En todo caso, lo traigo aquí como una curiosidad más de las que podemos ver recorriendo nuestros pueblos.  


viernes, 5 de agosto de 2016

ESPANTAPÁJAROS DE SALÓN


  
Siesta con televisión en medio de la huerta

 

La programación no parece de su interés


FOTOGRAFÍAS: Escena en Villaverde Peñahorada (Tomadas el  agosto de 2016)

          El espantapájaros es una figura recurrente entre los hortelanos de cualquier parte del mundo, también de Burgos. Se usa, como bien describe su nombre, para ahuyentar a los pájaros que tanto daño pueden hacer en las huertas, en especial a la “torda”, que parece que en cualquier pueblo hay una que se empeña en comerse todo lo que encuentra de su gusto (es algo parecido al Robanabos de Medina). No es un tordo, ni varios tordos, sino una malévola y solitaria torda, en singular y en femenino, al menos eso es lo que cree el vecindario de los pueblos. 

¿Quién no ha visto alguna vez la estrafalaria figura antropomorfa, mejor o peor disfrazada, con o sin sombrero, rellena de paja en alguna huerta? Todos alguna vez lo hemos visto. Pero los pájaros ya se las saben todas, y estos muñecos de trapo, desde hace ya tiempo, apenas si les infunden temor, les han perdido el respeto y campean a sus anchas por sembrados y hortalizas, con gran disgusto de los hortelanos.  Esto lo ha visto muy bien alguien de Villaverde Peñahorada, que harto de ver cómo sus productos eran pasto de los pájaros, ha establecido en su huerta una escena de salón con intención de confundir al más avispado de los visitantes alados. La composición se las trae, es casi una performance, quizá ideada pos alguien interesado en el arte conceptual, ¿tal vez un hortelano versado en NewArt?  La escena, con dos humanoides arrellanados en sendos asientos, adormilados por el sopor de la comida y simulando ver la televisión en medio de la huerta, es algo para espantar al más osado de los pájaros, más si la programación de la tele es mala. Seguro que este año la cosecha se salvará. 


martes, 26 de julio de 2016

"CINEMA CASTILLA", UN CINE DE LOS CINCUENTA EN LA HORRA


Cinema Castilla nació en 1953


Restos del cinema. Aún se conserva la embocadura de la pantalla


FOTOGRAFÍAS: Cinema Castilla en La Horra (Tomadas en julio e 2016)

Bajé a la Ribera, esta vez sí, en busca de brindis, de testimonios del vino en la poesía popular. Revolucioné la calmada mañana de Olmedillo, también la de Anguix y Sotillo, buscaba brindis y me salió un cine en La Horra, nada que ver. Pero el cine, los viejos cines de los cincuenta, es otra de mis muchas debilidades, y el gusanillo encontró la manera de cambiar la ruta de lo que me llevaba.
Bueno, divagaciones aparte, alguien de un grupo arremolinado en torno al panadero ambulante nos sugirió que visitásemos a Benito Royuela, un horrense de 90 años que sabía mucho de la otra vida, de la de antes de la televisión, y quizá también sobre el tema folklórico que nos interesaba. "Acompáñalos tú", dijo una de las mujeres que esperaban el pan a su marido, también presente cerca del corro y que era demás familiar de Benito.

Que fue así cómo nos plantamos en la casa del nonagenario y fuimos recibidos con gran amabilidad. Pasen, pasen. Y pasamos hasta la salita donde se encontraba Benito Royuela, sentado en su butaca y acompañado de su esposa. Nos presentó nuestro acompañante, Narciso Cob, haciéndole saber  nuestra intención de recopilar y grabar brindis. “Yo hice una poesía” dijo, y nos recitó una que algo tenía que ver con el vino pero que no era un brindis ni se le parecía. Luego, la cosa derivó por otros derroteros gracias a una fotografía que colgaba en una pared, en la que se veía una original tartana, guiada por un hombre a pie,  por una de cuyas bocas sobresalían fajos de telas. “Es mi marido”, dijo la esposa, “es nuestro padre que iba vendiendo por los pueblos”, dijeron dos hijas de Benito que se sumaron  a la reunión. Ya éramos muchos en la sala y las palabras iban de un sitio a otro, a veces formando batiburrillos incomprensibles. Para lograr una mejor audición, arrimé la grabadora a la boca de Benito, consiguiendo así oír, con nitidez, la primera parte de su vida, la de vendedor ambulante.

VENDEDOR AMBULANTE

“Yo he hecho muchas cosas en mi vida. En mi vida no ha habido más que trabajar. Desde que tenía once años... A los treces iba yo  a vender a la Ventosilla, porque tenía un hermano que se fue a ... era cuando la guerra... me llevaba a mí cinco años, y él se fue a la guerra y yo tuve que ir a vender a la granja de La Ventosilla, y llevábamos entonces ultramarinos. ¡Que no pasé yo frío entonces! Íbamos con un carro, no con este [de la fotografía, sino]  con otro. [Iba] con mi hermana, mi hermana me llevaba a mí ocho años, y ella se liaba con las [chicas] de su edad y no se acordaba de... ¡Pasaba yo más frío entonces! ¡Se helaba el aceite! Ya  a los quince años iba yo solo a vender”.

       La venta ambulante fue tradición en la familia de Benito. “Mis padres también fueron vendedores ambulantes, ahí les tengo en las fotos”, dijo señalando un cuadro con sus progenitores colgado en una pared, aunque “mi madre era la que más entendía”.

     Cuando ya solo atendía con sus ultramarinos a La ventosilla, Benito buscó una salida profesional de mayor rentabilidad, y dio con la venta de tejidos. Diseñó un nuevo carro, más acorde con el nuevo producto, y siguió igualmente peregrinando por los pueblos:

     “Los tejidos nos los servían de Barcelona, de [la fabrica de tejidos de]  Roca Umbert.  [Y es que] para ser un buen comerciante hay que ir donde [te sirven buen género], considera el ambulante de La Horra. 


Benito Royuela Esteban con su carromato para la venta ambulante de tejidos



CINEMA CASTILLA, EL PARADISO DE LA HORRA

          Persona de gran emprendimiento, Benito Royuela construyó en 1953 un cine en su pueblo, en la calle mayor. Le llamó Cinema Castilla y estuvo en activo doce años, hasta 1965, que es cuando ya la televisión venía apretando.

Taquilla del cinema


Bancos corridos en el gallinero

         
Hall del cinema con lámpara de otros tiempos

 Alfredo Mayo, Sara Montiel... marcaron épocas

"Entendían bien las películas del oeste"

¡Y las folclóricas!



          El de La Horra fue uno más de los muchos cines de domingo que se instalaron en los pueblos importantes de Burgos en los años de posguerra, y su historia debe ser la misma que la de cada uno de ellos. A través del relato de Benito, uno pude imaginarse las mismas escenas vividas en cada sala, la misma perplejidad de los vecinos antes la magia que se les ofrecía en pantalla, las mismas protestas, los mismos silbidos. Era lo nunca visto. Cuenta el empresario que “La gente de aquí, de La Horra, no estaban preparados, no entendían las películas. [En cierta ocasión] vieron la película Más dura será la caída, que fue una película maravillosa, y que fue muy alabada por la prensa... en cambio, aquí, que era el día de la fiesta cuando se puso, se salió la gente [de la sala]..., pues porque no la entendieron, no estaba la gente preparada para ver estas películas. Las que entendían bien eran las del oeste o las de cante, como La Lola se va a los puertos....; hombre, echamos muchas películas, como A mí la legión, El derecho de nacer....”. En este punto, la esposa de Benito, que guarda una lista de las películas que se proyectaron en el cinema de su marido, menciona otras como Balarrasa, Plácido, Ana Karenina, Lo que el viento se llevó...  
         
         Las películas llegaban al Cinema Castilla procedentes de Arévalo. “Tenía un hermano en Arévalo y cuando iban los viajantes de películas a Arévalo pues mi hermano era el que contrataba las películas allí. 
       La proyección estaba a cargo de “un cuñao mío, que murió ya. Aquí vino uno de Aranda [para enseñarnos], el que tenía el cine de Aranda nos mandó el [cámara] que tenían y él nos enseñó”.



ALGO DE AMBIENTE
    
La gente gritaba y silbaba, eso lo aprendieron enseguida. No estaban preparados para películas que no entendían, pero para eso... Por ejemplo, si salía una película que los letreros no salían al principio, como a la hora de hoy hay algunas que no salen al principio, pues creían que estaba cortada, ¡oye, y qué silbidos!
Al cine venían de todos los pueblos de alrededor, de Anguix, Sotillo..., y solo se ponía los domingos. Y a la más mínima, llegaba la censura  “El cura decía que todo aquel que se tenga por cristiano, que no vaya a ver la película”.

        Cinema Castilla era un cine de pueblo, sí, pero con butaca de patio y gallinero, como casi todos los de su especie. Y tenía también sus carameleros, uno para arriba y otro para abajo. Uno de ellos, Narciso Cob, fue precisamente quien nos condujo hasta Benito Royuela. Él lo describe orgullosamente así: “¡Y tuvo carameleros! Yo estuve de caramelero, llevaba una cestita así. [Benito] no me pagaba, sólo la propina que me daba la tía”.


Narciso Cob fue caramelero en el Cinema Castilla


       ¡Ah, aquellos viejos cines, donde yo mismo vendí caramelos y bombones entre piernas de chicas y chicos, de hombres y mujeres, de soldados de caballería oliendo a establo!


Restos del naufragio. Carretes para rebobinar las películas

Un cuarto muy angosto

Escaleras que suben al gallinero 



Con mi profundo agradecimiento a 
Benito Royuela Esteban y su familia







jueves, 21 de julio de 2016

SÉPTIMO ANIVERSARIO DEL "ÁRBOL DE LA PROVINCIA"


Tras cantar el "Cumpleaños Feliz"...


... piden deseos al árbol.


Árbol de los deseos, lazos para la intimidad


El alcalde de Jaramillo también tiene un deseo


FOTOGRAFÍAS: Homenaje al "Árbol de la Provincia" (Tomadas el 16 de julio de 2016)

        Como todos los años desde que en 2009 la encina fue plantada, Jaramillo de la Fuente homenajeó el pasado sábado a su querido árbol, que es también el de todos los burgaleses, pues no en vano crece con tierra de todos los pueblos de Burgos. 

      Para celebrar su séptimo aniversario, y como viene siendo costumbre, los jaramillanos engalanaron el árbol, le cantaron el tradicional “cumpleaños feliz” y volvieron a poner lazos de los deseos en su ramaje. Ojalá se cumplan todos.

      Un año más de vida, pues, para un singular vegetal que, a juzgar por su ya pomposa copa, medra con buena salud.

Pues eso, que “FELIZ ANIVERSARIO”, ÁRBOL DE LA PROVINCIA


viernes, 15 de julio de 2016

VENTANAS CON MANOS, EN VILLALAÍN Y MONTORIO


Ventana en Villalaín


Escudo con manos en ventana de Montorio



FOTOGRAFÍAS: Ventanas de Villalaín, Montorio y Villamartín de Sotoscueva (Tomadas en 2015)
  
Continuando con la serie de ventanas con historia, que desde hace tanto tiempo aquí seguimos, abrimos hoy el arcón para guardar tres nuevos ejemplares. Las tres lucen sendos escudos, motivo por el que irán a parar al negociado de ventanas con escudo, donde es posible que se den de codazos para hacerse un hueco, de tantas como ya hay. Dos de ellas tienen la especial característica de que su escudo es sujetado por las manos de alguien invisible, una a cada lado del mismo. Esto no nos resulta extraño, pues con esta característica ya vimos ejemplares en otros lugares de Burgos, valgan como ejemplos los escudos de Covanera, que aquí dejamos también como recordatorio. Las manos esculpidas sujetando los escudos, parece algo normal en la heráldica, y su función debe ser la de ayudar a exhibir o expresar gráficamente a todo aquel que pase bajo ellos el mensaje de “Mirad bien, aquí os muestro mi nobleza, estas son mis armas”. Las manos de piedra, pues, vendrían a ser las del titular de las armas del blasón.

La ventana de Villalaín, perteneciente a una casona sin apenas otra cosa que la distinga (aparentemente), está llena de curiosidades. Destaca en primer lugar, el desmembrado lema “AVE MARÍA”, situado sobre el escudo e inscrito en la fina moldura que la enmarca, la cual lleva dos listones en la parte inferior que, siendo de piedra, aparentan ser cierres con bisagra. En lo que respecta al escudo, parece inacabado, pues solo dos cuarteles se hallan ocupados. Finalmente, resulta sorprendente la profusión de pequeños y variados elementos decorativos, lo mismo arriba, bajo el sombrerete, que sobre la repisa o borde inferior. Quizá cada uno de ellos tenga su significado, pero esto daría lugar a un minucioso estudio.



Escudos con manos en ventana de Covanera


Otra ventana con escudo sujetado por dos manos la encontramos en una casa de Montorio, que si no fue casa rectoral, debió ser al menos la de algún eclesiástico, a juzgar por los motivos que lucen tanto el emblema como el dintel. El Cáliz  en el primero y las llaves de San Pedro en el segundo son elocuentes.

La de Villamartín de Sotoscueva, fechada en 1533, tiene escudo pero no tiene manos, lo que no quita para que sea una de las más bellas de las que llevamos aquí guardadas. Su elegante línea, con gran frontón clásico y doble remarcado, más la concha de la parte inferior, le dan un admirable carácter palaciego. Por lo general, las antiguas ventanas son poquita cosa, pero lo que las adorna las hace grandes. 


Ventana con escudo en Villamartín de Sotoscueva



domingo, 10 de julio de 2016

TORMENTA DE VERANO




FOTOGRAFÍA: Tormenta en Las Torcas (Tomada en agosto de 2015)


Al pasar por el  páramo, por el páramo anchurón,
el cielo se tiñe de luto, se cubre de negro tizón.
Saca la candela mi amor, saca la candela de bendición,
que en esta tierra tan áspera, Santa Bárbara nos protegió.
Centellas se ven por las torcas, rayos en el  rastrojal,
pueblos vacíos sin miedo, el mundo no acabará.
Saca la candela mi dueña, palmatoria de autoridad. 

A imitación                       
            A los que temblaron en los pueblos

martes, 28 de junio de 2016

UN CONSTRUCTOR DE CHOZOS PASTORILES EN LA RAD


La Rad

Jesús Corral, el último constructor de chozos de pastor, 
 junto a uno de sus casitos

En un territorio de piedra, el casito parece una roca más

Un casito de corral. Antes que Jesús hubo otros pastores y otras
maneras de pastoreo en el páramo de La Rad. A veces las ovejas
hacían noche  en corrales y el pastor
 dormía junto a ellas en chozas.  
 


Una técnica del Neolítico pero efectiva


FOTOGRAFÍAS: Casitos pastoriles en el páramo de La Rad (Tomadas en junio de 2016)

  
          Como os prometí, queridos amigos de este Cajón de Sastre, he vuelto a los páramos del Tozo, concretamente a los que se despliegan entre Moradillo, La Rad y Santa Cruz del Tozo. Ya antes de mi reciente viaje a México había caminado por ellos y había localizado una serie de chozos pastoriles que llamaron mi atención por la manera en que estaban construidos. Aquel día prometí volver, pues tuve la suerte y el gozo de haberme encontrado en La Rad con la persona que los construyó, algo ciertamente insólito. Aquel encuentro significaba mucho para mí, pues estando acostumbrado a ver chozos de toda índole y por toda la provincia, jamás pensé que habría de encontrarme algún día con alguien vivo que se dedicó a hacerlos. 


Las historias de Jesús

          En La Rad vive desde hace 74 años Jesús Corral Arroyo, un súper-hombre que lo único que debe echar en falta en la vida es tiempo, horas para el trabajo. Es uno de esos colosos de la otra vida, infatigable, que no sólo se dedica a no estarse quieto sino que conoce como nadie la historia de su pueblo, y de los más cercanos, y la transmite con generosidad. Conoce, porque lo vivió, el paso por su pueblo de los muleros con sus reatas cuando iban a la feria de Villadiego, y de ello me contó pelos y señales. Me habló de cuando, desde un alto de su pueblo, vio salir una gran columna de humo negro del lugar del Molino Rasgabragas, sí, de aquel mítico molino de Isaac Arce en el hondón del Rudrón que tenía juego de bolos y convocaba los domingos a las gentes de los pueblos cercanos, de Ceniceros, Moradillo, San Andrés, Santa Cruz, La Rad... Vio, digo, la gran columna de humo cuando un aciago día de 1972 la aceña se quemó. Sobre el suceso, Jesús recuerda cómo su hermano bajó de inmediato con su coche para ver lo que ocurría y al llegar encontró que el fuego en la aceña era ya intratable y el tejado en aquel momento se estaba derrumbando.

          Cuando ascendíamos al páramo en busca de sus chozos, Jesús fue señalando viejos caminos que en su día fueron muy frecuentados pero que hoy ya pertenecen al olvido, todos con sus dificultades e historias de paso. Uno de estos caminos fue el que las gentes del otro lado del Rudrón utilizaron, según mi acompañante, hasta tiempo no muy lejano para ir a coger el coche de línea a la carretera de Aguilar. ¿Tan largo y montaraz camino para coger el autobús a Burgos?, me resultaba difícil de creer. “Sí, sí, yo los veía ir y volver al pasar por La Rad. Es que por la carretera [a Tubilla] era el doble de kilómetros que por aquí. Solían traer un borriquillo, y a veces iban dos, y a lo mejor salían a esperarles en un burro, otras veces no...”. Aquel relato despertó en mi nuevas inquietudes y me prometí escribir un capítulo sobre estos caminos del Rudrón, podría ser ocasión para abrir la abandonada carpeta de “Pasos de Montaña en Burgos” que aquí llevamos guardada.

          Más historias salieron entre chozo y chozos visitados (Jesús es una fuente inagotable), como la del campanero de Santa Cruz del Tozo, que también merecería un capítulo aparte. “Me acuerdo que tenía un camión que ponía:
  

JULIO PÉREZ BALLESTEROS

FUNDICIÓN DE CAMPANAS

Santa Cruz del Tozo


Aquí [a La Rad] venían los campaneros [de Santa Cruz] a por ceniza de encina. Cogían [maderos] de casas y tejaos que llevaran años caídos, porque la encina es buena, muy buena [para eso], pero tenía que estar seca, muy seca. Y lo tenían guardado seco hasta otra fundición; lo que más querían era eso. Es que esas vigas eran casi todas de encina”.

Pero era ya tiempo de conducir a Jesús por el asunto que nos llevaba, sus casitos pastoriles, esos refugios de piedra que salpican el páramo, entre el pinar comido por la procesionaria, el lapiaz y los brezales: “Ahora los llaman chozos, pero aquí siempre se han llamado casitos”.


Historia viva de La Rad

Esperando que amaine la lluvia, o que las ovejas despierten 
de su siesta de cuatro horas cuando aprieta el sol

Comprueba el estado de los travesaños


De pastores, ovejas y chozos

          Antes de nada conviene recordar que en tiempos de plena población en La Rad cada vecino tenía su propio rebaño de ovejas, más o menos nutrido, y que todas pastaban juntas en el mismo páramo cuidadas por una pastor contratado por el pueblo. Mas llegó el tiempo de la despoblación, los vecinos y los rebaños fueron desapareciendo, hasta el punto de que llegó el momento en que solo quedó el de Jesús Corral, bien es verdad que muy numeroso, de casi mil cabezas. Fue entonces cuando Jesús tuvo que ejercer de pastor, subir al monte con su rebaño y experimentar en carne propia los problemas que el pastoreo acarreaba. No solo eran las inclemencias del tiempo lo que tenía que solventar, viento, lluvia, nieve, soles justicieros, sino el control y continuo trasiego de las ovejas hacia zonas nuevas de pasto. Y esto con ser muy importante no lo era tanto como tener que atender, en los días paritorios de las ovejas, que los corderos fueran atendidos por las madres, pues a veces solía ocurrir que las primerizas, las de primer parto, perdían el olfato y rechazaban su cría, o que “igual se ponían a parir y se quedaban atrás [los corderos] y ya no se encontraban”. Así, se le ocurrió que metiendo la oveja con su cordero en un casito y tapando la entrada con espinos y aulagas, para que ninguno de los dos pudiera salir, no les quedaba otro remedio a madre e hijo(a) que conocerse y aceptarse mutuamente. Para todas las contingencias citadas Jesús, en un principio, reparó algunos casitos antiguos que encontró en estado de ruina, pero una vez se hizo experto en reparaciones, construyó otros enteramente nuevos, hasta un total de 24, distribuyéndolos estratégicamente en distintas partes del monte.
         
Construidos en los años sesenta, en los ratos libres que le dejaba el rebaño, que era cuidado por cuatro mastines, los casitos de Jesús llaman la atención por su cubierta de tierra donde crece la hierba salvaje. Sobre una capa de plástico negro, “de esos de forrar fardos”, y soportada por gruesos travesaños de pino o roble, cada cubierta alcanza un grosor ciertamente considerable. Y es que, ya que no dominaba la técnica y el arte de la falsa bóveda de piedra, como lo dominaban los constructores de las chozas de Orbaneja del Castillo, recurrió a este práctico y laborioso sistema de cubrición.

Con el paso del tiempo, sin embargo, la humedad va aceptando a los travesaños, por lo que Jesús lleva a cabo ahora labores de mantenimiento, sustituyendo alguno cuando es necesario. Es un esfuerzo y una voluntad que hoy parece tener poco sentido, pues hace años que se desprendió del rebaño, pero él sigue en su empeño conservacionista. Cuando Jesús falte, ya no habrá nadie que se ocupe de su obra.


sábado, 25 de junio de 2016

AMAPOLA, LINDÍSIMA AMAPOLA






FOTOGRAFÍAS: Campos de Peñahorada (Tomadas en junio de 2016)


Pueden pasar años sin verse una amapola en los campos de Burgos, y por el contrario, sin saber por qué, hay otros en los que florecen por doquier y en abundancia. Las amapolas, como las setas, son caprichosas, deben salir  cuando están cansadas de entierro, nunca cuando nosotros lo deseamos. Ellas sabrán que tejemanejes se traen. Pero mirad, queridos amigos, en estos primerizos días del verano es un deleite recorrer nuestros campos, perderse por los pueblos. Las amapolas embellecen cunetas y sembrados como pocas veces se ha visto. Aprovechad el momento, nos os perdáis el rojo espectáculo.