Elías Rubio Marcos y su "CAJÓN DE SASTRE"

Recopilación de artículos publicados y otros de nueva creación. Blog iniciado en 2009.

lunes, 20 de marzo de 2017

EL ROBLE SESTEADERO

     
Parece dispuesto a echarse a andar
                    

Un roble para la siesta, del ganado y sus pastores

         
Las hogueras no consiguieron acaba con él,
es más fuerte que todo eso



FOTOGRAFÍAS: Roble Sesteadero, en Higón. (Tomadas en marzo de 2017)
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Acaba de cumplirse el octavo aniversario de la plantación del Árbol de la Provincia, la encina de todos. Fue el 14 de marzo de 2009 en Jaramillo de la Fuente. Y se me ocurre que nada mejor para homenajearle que añadir a la colección de árboles ancianos, expuesta en el Centro de Usos Múltiples de esta villa, un compañero más, uno que aún no conocía y que tiene méritos sobrados para figurar en dicha muestra. Se trata del Roble Sesteadero, un fantástico ejemplar localizado en Higón, fronterizo con el Monte Hijedo, en el sitio que llaman El Sesteadero, por alusión a las siestas que el ganado echaba bajo su sombra. El pobre está maltratado, pues hay quien ha encendido hogueras en su hueco vientre, pero parece gozar aún de buena salud. Todos le deseamos larga vida.

    

jueves, 16 de marzo de 2017

LA LLAMADA DEL HUERTO


 
Arte del terruño


FOTOGRAFÍA: En Jaramillo de la Fuente (Tomada en 2014)

Ya han llegado, Aire, ya los veo encorvados. Se fueron tras el verano, en el otoño, cuando amenazaba el invierno, y ahora vuelven en visitas efímeras para roturar sus huertos de toda la vida, los que antes trabajaron sus padres y abuelos, los de sus tatarabuelos. Sí Lluvia, el olor de la tierra en marzo los reclama, y la geometría y el sudor del surco: hacen arte sin saberlo. Pero, dime, compañera, cuando estos últimos recalcitrantes, que llevan en su genoma la continuidad del esfuerzo, ya no puedan ni siquiera con el pequeño terruño, ¿quién lo labrará y sembrará?  Se hará selva, Aire, porque mi riego no será en baldío.


martes, 7 de marzo de 2017

LA NUBE, LA SENDA DE LA LUZ


Ruinas del molino de Hoyos del Tozo

Palomillas que acogieron la luz
salida del molino



FOTOGRAFÍAS: Molino de Hoyos del Tozo (Tomadas en febrero de 2017). Central de Robles sobre el río Rudrón (Tomadas en 1973 y febrero de 2017). 
                                           

Sueños de humanos, Aire, primero llenaron nuestros caminos celestes de voltios, invisibles, vertiginosos, y ahora vuelven a competir con nosotros formando nubes repletas de ocurrencias nuevas. Nube, llaman a la primera que han creado. Pero que no te confundan, compañero Aire, si acaso la vieras, que sepas que no es de las mías, ni como las mías, es incipiente y ya es oronda, es invisible, como la electricidad atómica, y me resulta difícil sortearla, parece estar en todas partes, incluso en los días rasos. Algún día tendremos que pleitear con esta usurpadora de nuestro espacio. ¿Te refieres Lluvia a esa nube que dicen que no da truenos, ni agua, ni chispas, que solo guarda chatarra, desperdicios de ocurrencias y pasatiempos humanos? Sí, a esa me refiero. Pero aún sé poco de ella, quizá en alguna parte encuentre una gafa de muchas dimensiones para ver lo que contienen las tripas de esta intrusa. Entonces te diría lo que vi en su interior, te diría también si merece la pena pinchar el globo. No lo hagas, lluvia, no seas tan dura con ellos, los enterrarías con las cenizas de su propio desquiciamiento. ¿Para qué y para quién habrías de llover entonces, para qué y para quién mis brisas y mis aullares? 

(De Ecos de la lluvia y el aire)



Central de Robles.
Esqueleto de una historia eléctrica sobre el Rudrón
La Central de Robles hoy,
con las cuencas de sus ojos vacías 



        LA SENDA DE LA LUZ

Nada que ver la fiebre anterior con la senda de la luz que hoy os propongo a orillas del río Rudrón, queridos amigos de este Cajón de Sastre, nada que ver, creo. Pero hay algo de luz, algo eléctrico en ella, que aviva la memoria. Quizá sean los  voltios detenidos que salieron del viejo molino de  Hoyos del Tozo y de la central eléctrica cuyo esqueleto aún puede verse aguas abajo de aquel río encajonado. Si los voltios tuvieran color, los veríamos escalando por los inmensos paredones rojizos, por los rascacielos donde moran los buitres.   
Aún recuerdo los cables salidos de aquellos dos centros de producción. En mi primera visita, el molino ya había muerto, aunque el cuerpo yacía presente, pero la central estaba viva, al menos su edificio, todavía no vandalizado. Llegó a producir luz para cerca de veinte pueblos del Tozo-Rudrón. ¡Qué maravilla! Era la de Celso Robles, la que este iluminado de los voltios decidió instalar aprovechando el torrente de un río entre peñascales, deslumbrado por recién salido de la cueva.  
De la Central de Robles, nacida en 1948, tengo un triste recuerdo. Es una historia de coincidencia. En uno de mis paseos por esta senda de la luz llegué a ver lo que nunca hubiera querido ver, la central profanada, saqueada hasta el infinito por las hienas que siempre esperan el abandono. Con todo abierto, desparramadas en el suelo se hallaban láminas de dibujos escolares, muy cuidadas, que me resultaron familiares, tanto que podrían haber sido mías, pues yo las tenía (aún tengo) prácticamente idénticas. Pronto salí de la sorpresa, pues las obras estaban firmadas por Faustino Robles, hijo del dueño de la Central, aquel que, por el apellido Robles, le tocó ser compañero mío de pupitre en la escuela. Las láminas eran bellísimas y fue muy triste verlas de ese modo despreciadas; tantos desvelos, tantos trasnoches para acabar así, mancilladas en el suelo de la central, sobre la turbina apagada. 


En 1973 la Central todavía  se conservaba con cierta dignidad



lunes, 20 de febrero de 2017

DE OTRO PLANETA, ARQUITECTURA DEL ESPACIO



¿Una mano o una antorcha?

Rocas platicando

Aerolitos
Alienígena
Un empujoncito nada más y... 

¿Se la comerá, la empujará?



FOTOGRAFÍAS: Rocas en el Alfoz de Santa Gadea (Tomadas en febrero de 2017) 

Ayer estuve en un planeta extraño, y no a millones de años luz, sino bastante más cerca, tan cerca que ni siquiera se creyó necesario hibernarme para llegar hasta él. Bastó una hora de viaje para poder salir del módulo y pasear, así, a pelo, sin traje ni casco espaciales, por un suelo repleto de formas extrañas y una atmósfera que, lejos de ser irrespirable, se podía respirar a pleno pulmón. Un planeta rocoso, de la constelación Alfozdesantagadea, donde el tiempo y otras ayudas alienígenas modelaron esculturas extraterrestres encantadas. Os recomiendo, queridos amigos de este Cajón de Sastre, especialmente a los que tenéis vocación de astronauta, hacer este planetario viaje.
  
  

domingo, 12 de febrero de 2017

EL REFECTORIO ESCONDIDO DE SAN FRANCISCO


Arcos del refectorio en el convento de San Francisco
Los arcos escondidos de San Francisco
Acceso a pasillo distribuidor en el convento de Ssn francisco


Casas adosadas a las ruinas de San Francisco



FOTOGRAFÍAS: Ruinas de San Francisco en Frías. Ruinas de San Nicolás en Belorado (Tomadas en febrero de 2017 y  febrero de 2014, respectivamente).  


      Frías es una maravilla, todos los sabemos, más ahora que las guías modernas de turismo se encargan de decir, con razón, que es uno de los pueblos más bellos  de España. ¿Sólo de España? ¡Del mundo diría yo! Y su belleza no es de ahora, es de siempre, o por lo menos la lleva a sus espaldas desde hace siglos. Por eso llama la atención que no se hayan controlado ciertas intervenciones. Me refiero ahora a las ruinas del convento de San Francisco, de las cuales poco queda pero que eran representativas todavía a mediados del siglo XIX. Este convento, con orígenes en el románico tardío, debió quedar tras la Desamortización en tierra de nadie, o por lo menos en tierra de particulares que nada hicieron por su conservación. Y así, de ruina en ruina, de desprendimiento en desprendimiento, fue sufriendo los embates del mal gusto, aprovechándose sus históricos muros para adosar construcciones que ahora nos hacen sonrojar y que van en demérito del magnífico Conjunto Histórico de Frías. Hay muchos ejemplos en Burgos de ruinas históricas aprovechadas para lo mismo, pero vaya, especialmente en Frías no se debería haber consentido semejantes intervenciones. He tenido ocasión de acceder, penetrando por huecos abiertos en los muros del convento, a lo que en su día fue el refectorio de los monjes franciscos y he quedado sorprendido por sus grandes arcos suspendidos en el aire y envueltos en una maraña selvática. Bajo ellos y otros restos escondidos me he preguntado si Frías y Patrimonio de la Junta han pensado en conservar lo que queda de este convento o si, por el contrario, se ha dado por bueno que el tiempo haga su labor destructiva, hasta que no quede huella de lo que fue. Si valiera mi opinión, recomendaría consolidar los restos históricos y dignificar todo el conjunto. Frías bien lo merece.


Casas adosadas a las ruinas de San Nicolás, en Belorado

Sin comentarios



viernes, 3 de febrero de 2017

PEREDA Y PEREDA, LUGAR Y APELLIDO


Pereda en la niebla

Escudo de los Pereda en Pereda


VICTOR sobre ventana en una casona de Pereda


Leyenda con VICTOR

Pereda, escondido entre montañas, guarda el secreto de su nombre 



FOTOGRAFÍAS: Pereda. Escudo e Inscripciones en Pereda. Inscripción en Salazar. (Tomadas en 2017 y 2015) 

        Siendo cierto que los nombres de los lugares los ponen las personas, cabe que haya alguien que se pregunte por qué el pueblo de Pereda, que da apellido a tantos y tantos burgaleses, especialmente del partido judicial de Villarcayo, recibe tal denominación. Podríamos preguntarnos, y no nos faltaría razón para ello, ¿acaso Pereda pueblo es el que dio origen al apellido Pereda? Tal vez, pero de ser así, sería lícito preguntarse también quién le dio nombre al pueblo, ¿fue acaso alguno de los primeros repobladores con el apellido Pereda? No parece desdeñable la hipótesis, pero entonces dejaría de ser válida la de que este pueblo de la Merindad de Sotoscueva es el origen y punto de expansión de todos los muchos apellidos Pereda que hay en Burgos, y en otros lugares, como se ha llegado a decir, por la sencilla razón de que el repoblador de este rincón burgalés (que se supone desierto hasta que es colonizado) llegaba con el apellido puesto. Y si llegaba ya con el apellido Pereda, lógico resulta pensar en otro lugar como fuente del mismo.
        Semejantes y quizá peregrinas elucubraciones surgen por la curiosa circunstancia de que a mediados del siglo XVIII y según el Catastro de Ensenada, todos los vecinos de Pereda, además de ser de condición hidalga, llevaban  apellido coincidente con el nombre del pueblo. Hoy, a poco que se indague en este pequeño caserío se verá que el apellido Pereda está presente no solo en las personas, sino también en los muros de las casas; como ejemplo, dejo aquí ciertas inscripciones sobre ventana que pueden verse en alguna de las últimas. Llama especialmente la atención una remarcada en rojo en el sombrerete protector de una ventana en la que se puede leer:

           CASA DE LOS PEREDAS POR ANTIGUA ARRUINADA. POR PHS DE PEREDA REPARADA 1725

        En otra casa, la que parece más noble y antigua del pueblo, aunque se la haya desposeído de los dos escudos que la distinguían, aparece también el apellido Pereda, acompañado de Borricón, otros del los apellidos de la zona. Fechada en 1724, esta inscripción, incisa en los sillares de magnífica labra e igualmente remarcada en rojo, viene acompañada de un VICTOR, anagrama que celebra algún logro alcanzado por alguien de la familia dueña de la casa, bien sea por haber accedido a la prestigiosa Escuela de San Clemente de Bolonia o por haber llegado a ser dignidad en la catedral de Ávila. Este mismo anagrama, igualmente sin rama de olivo ni espada, puede verse también en otro lugar de la casa, en concreto sobre la parte escuadrada de la misma y sobre una elegante ventana. 



Elegantes ventanas y VICTOR en casona de Pereda


        Finalmente y por poner solo un ejemplo de la fuerza expansiva del apellido Pereda en el Partido de Villarcayo, nos trasladamos a Salazar, lugar igualmente de nobles casonas blasonadas y donde aquel está presente. Una cartela pintada en rojo sobre el portón de acceso a una casa de la calle principal, nos recuerda que, en efecto, estamos también en territorio de los Pereda. Sobre la rústica y economizada inscripción (dos letras en una), campea un nuevo  VICTOR, esta vez sí, con espada y ramita de olivo, aunque no sepamos nada del triunfo celebrado. En La cartela se lee   D GABRIEL DE PEREDA"


Cartela en  casa de Salazar con el apellido Pereda




sábado, 28 de enero de 2017

LOS PEREDA, BURGALESES DE BEDÓN QUE TRIUNFARON EN ARGENTINA



Palacio Pereda en Buenos Aires

Estampa de Bedón, cuna de los Pereda 
(Gentileza de Miguel Moreno)


Paisaje sotoscuevino con el pueblo de Pereda en el hoyo


FOTOGRAFÍAS: Palacio Pereda. Bedón. Pereda. Portada de libro. Retrato de VIcente Pereda. Villa María. Escuela de Bedón. Vapor León XIII 



“Se lanzaron a conquistar, con su trabajo, 
el entonces desierto campo argentino”
(Sic. Memorias de Celedonio Pereda)


                
         Bien conocidos en Argentina y prácticamente ignorados en Burgos, los Pereda, con raíces en Bedón, en la Merindad de Sotoscueva, emigraron a Argentina cuando en aquel país estaba todo o casi todo por hacer y las oportunidades eran muchas para los que llegaban sin importar la  procedencia (creo). Eso, más su tenacidad y capacidad de emprendimiento, llevó a esta saga familiar, de cuatro generaciones (1805-1941), a constituirse, diversificando sus negocios, en una de las más prósperas y de mayor prestigio de Argentina, primero como empresarios comerciantes y después como grandes estancieros terratenientes e inversionistas. 

        Hace poquitos días me llegó vía E-mail la fotografía de un grandioso edificio que, situado en la aristocrática avenida Alvear, que es como decir en lo más suntuoso de la capital porteña, recibe el nombre de Palacio Pereda, en alusión a uno de los Pereda que lo mandó construir en el primer cuarto del siglo XIX como vivienda familiar. Me la enviaba Juan Carlos, un amigo de Buenos Aires, a quien ya me he referido alguna vez en este Cajón de Sastre, tan gran conocedor como enamorado de las Merindades y que gusta de pasearse de vez en cuando por esta bitácora. Es un colaborador espontáneo y generoso a quien mucho agradezco esta y otras  noticias como me ha proporcionado. Junto con la foto, me enviaba también un enlace donde pude obtener noticias del constructor de dicho “palacio”, el doctor y terrateniente don Celedonio Pereda, hijo y sucesor de Vicente Pereda, este último nacido en Bedón. Desde que recibí la fotografía, sueño con estos Pereda que, habiendo podido ser originarios del pueblo que lleva su apellido,  por afinidad del mismo, lo fueron del pueblecito vecino de Bedón, a tan solo tres kilómetros y donde, justo es decir, había tantos Peredas como en el mismo Pereda.

       Hasta el momento de recibir la susodicha fotografía eran varios los burgaleses emigrantes a América que llevábamos  guardados en este Cajón de Sastre, en su particular camarote de “Burgaleses ultramar”, pero ninguno en forma de saga familiar ni que hubiera alcanzado el alto nivel económico y social que alcanzaron los Pereda. 


Portada de libro en el que aparecen tres Peredas.
Se supone que son, de izquierda a derecha,
 Celedonio Mateo Pereda, Vicente Pereda
y Celedonio Pereda


Retrato de Vicente Pereda, padre de
Celedonio Pereda

Aspecto que presentaba la fachada principal del Palacio Pereda, llena de miembros de la familia,
 el día en que se presentó el libro "Trabajo. Constancia. Economía"
(Fotografía: gentileza de Gonzalo Pereda)


        Si se rebusca en Internet puede encontrarse documentados trabajos sobre este linaje de estancieros agropecuarios que tanto sobresalió y que tanto colaboró para transformar la Pampa húmeda, el “desierto campo argentino”, en el granero del mundo. Escarbando en la Red he encontrado las memorias de Celedonio Pereda, las que él mismo dejó escritas en 1938 y que una de sus hijas, Susana de Pereda de Bary, con gran generosidad, dejó abiertas al disfrute de todos. Según estas memorias, la historia de esta familia al otro lado del océano comienza en tiempos del Virreinato, cuando Celedonio Mateo Pereda, nacido en Bedón en 1782 e hijo de Juan de Pereda y Bustillo y de Santas Pereda, se embarca para la ciudad porteña muy a principios del siglo XIX, donde muy pronto se convertiría en destacado “comerciante naval”. Lo que sigue después, lleno de datos y detalles, sumamente interesantes para el conocimiento de la gran transformación de Argentina de entre siglos, se halla bien contado en abundantes escritos, y estos se pueden encontrar tanto en Internet como en libros; no procede, pues, repetir algo que es ya conocido y accesible. Pero permitidme, queridos amigos de este Cajón de Sastre, especialmente aquellos que nada conocíais de estos Peredas triunfadores (entre los que yo mismo me encontraba), que os ofrezca algunas perlas del relato de Celedonio y que os muestre algunas obras construidas que dejó como legado, espectaculares en La Argentina y mucho más humildes en Medina de Pomar y Bedón, lugar de sus raíces. Comenzando por las primeras, sobresale con luz propia el ya mencionado Palacio Pereda, una impresionante mansión familiar, arquitectónica y decorativamente realizada con influencias parisinas, que en su momento llegó a deslumbrar al embajador de Brasil. Tanto se enamoró este diplomático de la casa que, por su intercesión y tras una venta pagada en toneladas de hierro, Brasil la compró para convertirla, desde 1945, en su embajada. Igualmente majestuosa es la estancia Villa María, cuyo nombre recuerda a la esposa de Celedonio Pereda, María Justina Girado, una mujer terrateniente “de raíz muy antigua, muy reconocida en círculos porteños”. De estilo Tudor normando e inaugurada en 1927, la vivienda o residencia (casco en argentino) se trata de una especie de castillo–chalé (“un castillo en la Pampa”, se ha llegado a decir), construido a 45 kilómetros de Buenos Aires, en la localidad de Máximo Paz; su gran lujo, exterior e interior, expresa a las claras el nivel de prosperidad que llegaron a alcanzar estos burgaleses de Bedón. 



Villa María, suntuosa residencia de Celedonio Pereda
construida en estilo Tudor normando


DE MEDINA A BEDÓN A CABALLO

        A Celedonio Pereda le gustaba viajar, no hay más que leer sus Memorias para comprobarlo. Recorrió América y casi toda Europa, y como no podía ser menos, visitó y recorrió España, el país de sus ancestros. En este viaje visitó también, cómo no, Bedón, lugar de nacimiento de su propio padre. De esta visita, primera y última que hizo al pueblo burgalés, escribe en sus Memorias: 

        “Con María nos embarcamos en el [vapor] León XIII en noviembre de 1889, donde permanecimos hasta enero de 1891. Visitamos partes de España y a mi tío Ángel Pereda y mi tía Lorenza en Medina de Pomar. Yo fui hasta el pueblo de Bedón, cuna de nuestros antepasados y María se quedó en Medina pues el viaje había que hacerlo a caballo y duró de 4 a seis horas. Después recorrimos parte de Francia, Italia, Bélgica, Holanda, Alemania e Inglaterra”.


        Entre las muchas donaciones y colaboraciones filantrópicas que Celedonio Pereda llegó a hacer, hay que hacer mención de las que hizo a Bedón y Medina de Pomar. En las  Memorias se describe así:

“[...] No se olvidó de España, de donde era oriundo su padre. En Bedón dio para la construcción de una escuela que lleva su nombre, y en Medina de Pomar para el hospital [debe referirse sin duda al Hospital-Asilo de Nuestra Señora del Rosario, hoy residencia para mayores con el mismo nombre].



Tarjeta postal  del Hospital-Asilo de Medina de Pomar (en 1923)

TRAS LOS PASOS DE CELEDONIO PEREDA EN BURGOS

        Después de conocer esta fantástica historia, os podéis imaginar, queridos amigos de este Cajón de Sastre, la impaciencia que me entró por acercarme a Bedón, a los orígenes de la misma. Así, hace pocos días, acompañado de mi mujer, me presenté en este lugar en una mañana de hielo, pero con tan mala fortuna que nos vimos envueltos en la niebla. Digo mala fortuna porque por el camino, hasta el puerto de La Mazorra, el espléndido sol del páramo de Masa iluminaba los Picos de Europa y de La Demanda, los dos vestidos de novia por las recientes nieves. Una pena la niebla en Bedón, pues nublaba la memoria indiana e impedía ver con claridad la escuela que fundó Celedonio Pereda.

        De mis tiempos en Ojo Guareña recordaba Bedón como una aldea perdida en las montañas de Burgos, con no más de veinte casas, de humilde y tradicional construcción, y un exiguo vecindario, pues ya la despoblación de los setenta había comenzado su labor de zapa. Hoy el caserío está totalmente remozado y es difícil ver una ruina, salvo la de la antigua escuela, que fue sustituida por la que fundó don Celedonio. Esta ya no cumple tampoco misión docente, ya no hay niños en el pueblo y ha sido transformada para vivienda. Aún así, todavía puede verse cómo era el conjunto, con la casa del maestro adosada y haciendo escuadra. Una placa azul en un esquinal de la vieja escuela lleva escrito el nombre del fundador: “PLAZA DE D. CELEDONIO PEREDA”. Nada parecido con el suntuoso “Palacio Pereda” de Buenos Aires.
                   
Culminamos la excursión en Medina de Pomar, donde quisimos encontrar el hospital para el cuál donó parte de sus cuartos D. Celedonio. Pero encontramos que, tras sufrir un devastador incendio en enero de 1965, había sido totalmente remozado y funcionaba como moderna residencia de ancianos. Sin embargo, en un libro que recoge la historia de este centro, titulado “Residencia para mayores Ntra. Señora del Rosario. Crónica reciente (1965-2007), pudimos ver una tarjeta postal en la que se aprecia cómo era en 1927, cuando cumplía las funciones de Hospital-Asilo. 



La escuela de Celedonio Pereda en Bedón,
ya transformada.
La parte derecha era la casa del maestro


Una placa recuerda al fundador de la escuela


... Desde la cubierta del León XIII, Celedonio Pereda, con una suave brisa oceánica acariciando sus emociones, avistó la costa española y vio en ella la pequeña aldea que su padre y abuelo le describieron.


Vapor León XIII, en el que Celedonio Pereda
hizo su primer viaje a España




lunes, 23 de enero de 2017

VENTANAS CON MENSAJE EN HUMADA Y JARAMILLO DE LA FUENTE


 Un contrafuerte moderno oculta una parte de la ventana de Humada


Siguiendo la estela de las ventanas notables de Burgos, la que iniciamos aquí hace ya la friolera de seis años (20/6/2011), guardamos hoy, en el correspondiente compartimento de este Cajón de Sastre, dos nuevos ejemplares con mensajes inscritos. Una de ellas, la de Humada, del siglo XVI, es una maravilla artística, y por eso resulta extraño que no se encuentre en la fachada principal de la casa, bien orientada a la luz solar; en otoño e invierno, la joya vive en las sombras, y es una pena. Sin descartar del todo que fuera trasladada de otro lugar, parece lícito pensar que quien la mandó insertar en el actual muro, para mejor lucirla, debió tener muy en cuenta la calle mayor, en algún momento posible Camino Real y por ello lugar de tránsito de todo tipo de gentes. Haciéndolo así, todo el que pasaba junto a ella podía leer los mensajes o citas que se leen en sus piedras primorosamente labradas, tanto en el escudo sostenido por los dos heraldos de apariencia mitológica, mitad humanos mitad aves o sirenas (que las dos cosas parecen), como en la jamba de la izquierda, libre de interferencias.  En el primero se lee    

IN / HOC / SIGNO / VINCES   con este signo (una cruz) vencerás

Y en la jamba

DISCE VIVERE, DISCE MORI  aprende a vivir, aprende a morir


         Queda por saber lo que se oculta en la otra jamba, la tapada por un inoportuno contrafuerte, si es que algo se esconde detrás. Sea como fuere, lo visto nos sirve para pensar que la casa (como se ha sugerido, probablemente transformada) debió pertenecer a algún eclesiástico, o quizá a algún noble de convicciones cristianas (¿perteneciente a la Orden de Malta, quizá? La dos cruces de malta, una sobre cada jamba, serían una pista). De lo que no hay duda es de que estamos ante una de la ventanas más bellas registradas en Burgos hasta el momento.   
    


Ventana de Jaramillo de la Fuente


    Y de la ostentación de Humada pasamos a la  humildad de Jaramillo. Mientras que la primera es una alarde de elementos decorativos, la del pueblo serrano es todo lo contrario, destila sencillez por todos sus poros. Tienen en común, eso sí, que las dos ventanas van acompañadas de mensajes de contenido religioso. En Jaramillo, en el dintel del destartalado ventanuco, puede leerse la leyenda  

Dn. JPH  VIVA LA FE DE DIOS

Inscripción que parece señalarnos el nombre con apellidos del dueño de la casa y la condición religiosa del mismo. Los dos números finales, 5 y 6, parecen apuntar a una fecha no acabada de escribir.

Con mi agradecimiento a los profesores Josemi Lorenzo Arribas y Miguel Moreno Gallo


martes, 17 de enero de 2017

DE LOS CARTEROS DE A CABALLO A INTERNET



FOTOGRAFÍA: Cartero de Quintanilla VIvar en 1950 (A.M.BU)


       Puedo decir que soy de la época del blanco y negro, no me duelen prendas en confesarlo, al fin y al cabo, eso que llevo por delante; y además, el blanco y negro tampoco estaba tan mal. Pero siendo de entonces, no llegué a conocer a los carteros de a caballo. Como mucho, y habiéndome criado en la ciudad, solo recuerdo al cartero peatón y de uniforme aporreando el llamador de mi portal y gritando los nombres de los vecinos que recibían carta. Por eso no deja de sorprenderme la imagen que aquí dejo hoy. Ahora que todo va a la velocidad de la luz, y que todo lo que no sea mensajería instantánea es una antigualla, descubrir la imagen de uno de aquellos carteros rurales, que repartían el correo por los pueblos con una caballería, hace setenta años, puede producirnos el mismo efecto que el que produce a los arqueólogos de Atapuerca el descubrimiento en sus excavaciones de los restos de un homínido de vete a saber cuántos cientos de miles de años de antigüedad. A mí, queridos amigos, qué queréis que os diga, me produce algo parecido.
       Cartas que viajaban a caballo por nuestros pueblos, ¡qué maravilla olvidada! Seguro que Pedro Varona, este cartero de Quintanilla Vivar, repartió siempre buenas noticias, se le ve feliz.  

miércoles, 11 de enero de 2017

LA DIOSA PEÑAMAYA


Diosa Amaya y la iglesia de Fuenteodra en el centro mágico




FOTOGRAFÍAS: Peña Amaya y Fuenteodra (Tomadas en enero de 2017). 

Cuando se crearon los dioses y las diosas y se repartieron los nombres, se olvidaron de Amaya, o mejor, de la Peña Amaya. Y mira que es raro que pasara desapercibida, esta especie de pirámide maya. En estos días de enero y hielo, de cielos limpios como nunca los hubo, y de luces tan inmensamente intensas como tampoco nunca existieron, uno mira al gran bastión de Amaya a contraluz, desde cerca del nacedero del Odra, y le entran deseos de inclinarse y adorarle, o adorarla, porque la peña es femenina, una diosa. Pienso en otros hitos rocosos de Burgos que pudieran competir y no los hallo (quizá Carazo), pienso en otros de más allá y tampoco los encuentro. La diosa Amaya burgalesa, partida en dos hermanas que se cogen fraternalmente de la mano, dominadora de horizontes y dominada desde horizontes, con mil historias bajo su piel, es un dios de la "mitología" burgalesa, una diosa a la que encomendarse en los momentos bajos, por ejemplo los que atravesamos ahora, cuando hasta la fuente de Manapites aparece seca como tierra etiope. Pidamos a Amaya que llueva, que nieve, para que la fuente siga haciendo perlas, para que las aguas den nueva vida a las cascadas interrumpidas.