Elías Rubio Marcos y su "CAJÓN DE SASTRE"

Recopilación de artículos publicados y otros de nueva creación. Blog iniciado en 2009.

jueves, 24 de septiembre de 2009

DESCANSO OBLIGADO


Queridos visitantes y seguidores de Memorias de Burgos: os comunico que me tomo un descanso entre los días 25 del presente y el 2 de octubre. Me despido de vosotros con esta tela de araña que pude fotografiar ayer en Renedo de Bricia. La tela de araña creo que se parece un poco a lo que se ha convertido ya este blog de todos.

lunes, 21 de septiembre de 2009

ITINERARIO DE UNA LOCURA DE AMOR Y LA CABAÑA REAL DE CARRETEROS





FOTOS: Cabaña Real de Carreteros por los campos de Presencio (2008).

Llegado el estío, los pueblos de Burgos se visten de medievales. Se ponen capas y tocados multicolores, empuñan espadas y hablan y gesticulan de manera altisonante, intentando revivir hechos históricos de épocas muy lejanas. Es como si lo medieval tuviera entre los burgaleses un influjo y unas connotaciones genéticas que nos invitan a tener siempre presente aquél pasado; es como si buscáramos, desesperadamente, una identidad perdida. En cierta manera, quizá haya que buscar algún trasfondo psicológico en estos revivals veraniegos.

Y entre tantas representaciones como vienen apareciendo, siento especial simpatía por la iniciativa de la Cabaña Real de Carreteros, que en estos días de finales de verano, como lo viene haciendo desde hace algunos años, recorre con bueyes y carretas los hermosos campos del Arlanzón, Arlanza y Cerrato, siguiendo los caminos que la reina Juana I de Castilla, o si se quiere Juana la Loca, hizo con el cadáver de su esposo tratando de cumplir una quimera. Y es que, como ya expresé en mi trabajo “Itinerario de una locura de amor. Juana I de Castilla en la tradición oral de Burgos y Palencia” (ver El año de la gripe y otros relatos burgaleses, 2005), este nocturno y fúnebre viaje es uno de los más alucinantes que cualquiera podría llegar a imaginar..

Los pueblos de esta ruta, Arcos de la llana, Santa María del Campo, Tórtoles de Esgueva y Mahamud, se han sumado también a la fiesta estival y reviven escenas de aquella Corte ambulante por las soledades invernales de los pueblos de Castilla. Pero ya digo, tengo mis preferencias por los carreteros que ahora caminan y ruedan por esos sobrecogedores, aunque bellísimos, paisajes que Juana la Loca no llegó a ver ni disfrutar, de tan absorbida y cegada como estaba por el cadáver de su flamenco rey.

jueves, 17 de septiembre de 2009

ARQUEOLOGÍA INDUSTRIAL, EL ARTE ESCONDIDO






FOTOS: MOLINO DE SORDILLOS Y FÁBRICA DE LA ENCARTADA

Septiembre, 2009

Las máquinas del pasado se apagaron, dejaron de tener la utilidad para la que fueron creadas. Unas se desmantelaron, otras quedaron en el olvido, esperando que el orín de los tiempos las vaya erosionando hasta su total desaparición. Algunas pocas afortunadas sobrevivieron hasta que alguien se apiadó de ellas y fueron recuperadas para museos. Otras, las más, prosiguen su lento caminar hacia un fin cercano. Son máquinas del ayer que se miran ahora como trastos viejos, como al abuelo en la residencia que el tiempo moderno no admite. Cada día se inventan máquinas nuevas, cada día más "trastos" de alta tecnología que, en algunos casos, nos complican la vida en lugar de facilitárnosla, con pulsaciones digitales pero sin calor humano.

Muchas de aquellas máquinas, algunas de ruido continuo e infernal, movieron el mundo durante siglos y se degradan ante nuestra indiferencia. Pero lo cierto es que si las miramos con atención veremos en ellas auténticas obras de arte, veremos esculturas metálicas que nacieron para operar, pero que ahora, si ponemos ojos de ver museos, podremos contemplar imágenes bellísimas, composiciones de madera y hierro inéditas y dignas del reconocimiento general. Por lo común, los artistas modernos crean obras de arte maravillosas que nacen muertas, sin movimiento real, por mucho que estén llenas de dinamismo virtual. Contemplo las máquinas del pasado y veo en ellas, aún estando paradas, el arte tangible, vivo y sublime del hombre. Veo arte en los revoltijos de hierros brillantes y torneados con olor a grasa antigua, en los engranajes que movieron los molinos harineros de nuestros pueblos, en la rueda hidráulica que sacó la sal de las honduras diapíricas, en el gran motor-dinosaurio que, con ruido sordo, movió con sus correas de camello la fábrica entera, en el interruptor de cuchillas que nos iluminó enmarcado en aparatos redondos con agujas que suben y bajan en función del arte escondido..., veo en todo ello, y en mucho más, la labor sombreada de artistas de la inteligencia y el progreso que nos ha llevado hasta un punto en el que ya no es fácil crear algo nuevo en el arte.

Desde esta humilde ventana propongo ver estas máquinas como expresiones artísticas camufladas, y no, como hasta ahora han sido vistas, como artefactos o curiosidades en la evolución de la ciencia y de la técnica. Propongo una galería de arte nueva, con creaciones de artistas nuevos, aunque viejos, porque ya no viven. Podrían ser poemas también, pero por ahora dejémoslo en expresiones artísticas de la inteligencia humana.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

CASAS NOTABLES IX



CAFÉ CANDELA Y SALÓN PARISIANA, ANTESALA DE SOMBRERERÍA

Diario 16 Burgos, 5 diciembre 1993

A.M.BU. (Archivo Municipal de Burgos)


Viene hoy a esta galería de casas notables de la ciudad de Burgos la contigua al Ayuntamiento por la Plaza mayor, constituida en la actualidad por los números 2 y 4 y alineada con el lado sur de la calle Sombrerería. Muchos burgaleses recordarán este sobrio y digno edificio de tres plantas, con fachada principal de ladrillo y balconadas de hierro, como aquél que, al abrigo de sus soportales, alojó a los míticos Café Candela y Salón Parisiana.

Los orígenes de su construcción se remontan a un ya lejano abril de 1904, fecha en la que el maestro de obras Félíx Landía se dirige al Ayuntamiento constitucional en demanda del oportuno permiso para reedificar las casas números 61 a 64, propiedad de Cayo Alonso y situadas a continuación de la que ya estaba de Pascual Moliner. El Consistorio, amparándose en un acuerdo de 1887, en el cual se establecía el “principio de dejar mayor libertad en la construcción de las casas de la citada plaza, que el que restringía las iniciativas, para dar mejores condiciones de aspecto, comodidad e higiene a las casas de la citada plaza”, y considerando que, según proyecto, resultaba la construcción “en armonía con la contigua sobre todo en los soportales”, entendió procedente la concesión de la preceptiva licencia de reedificación (A.M.BU.).
Antesala de la calle gremial de Sombrerería e integrados en el octogonal rompeolas de la ciudad, los soportales de este edificio, nacido al mismo tiempo que moría Isabel II, fueron punto de encuentro de los amigos de la farándula en un momento de cafés de “belle epoque” y cine mudo. El café de Antonio Candela, presente ya en 1879 por el lado de El Espolón, acabó comunicándose con la Plaza Mayor por este edificio a través de tertulias de bigotes retorcidos y humaredas espesas flotando sobre el mármol de las mesas. A su lado, “en el corral o antiguo jardín de la citada casa”, fue instalado a principios de este siglo (XX) el célebre Salón Parisiana, cuya licencia de apertura fue recurrida por un particular por entender que dicha sala se aproximaba excesivamente a inmuebles tales como la Biblioteca Provincial de Paseo del Espolón (ver "La linterna mágica. Un siglo de cinematógrafo en Burgos""). Sin embargo, el acuerdo definitivo del Ayuntamiento de julio de 1911 fue “para construir una sala de espectáculos de cinematógrafo y varietés, en la misma casa que hace más de seis años vienen exhibiéndose al público de Burgos

lunes, 14 de septiembre de 2009

LA IGLESIA RECICLADA DE TORME



Sucedió en Torme, localidad de la Merindad de Castilla la Vieja: de una vieja iglesia hicieron una casa familiar. De esto hace ya mucho tiempo. Ahora, la iglesia-casa o la casa-iglesia, como mejor se quiera, es un híbrido original y admirable en el que, fuera ya del culto religioso, se mezclan en alegre armonía los robustos y bendecidos esquínales de la iglesia con las balconadas de madera espléndidamente floridas y características de las Merindades. Sillares renacentistas, arcos (en el interior), artísticos florones y alero torneados, junto al humilde mampuesto, propio de la arquitectura tradicional burgalesa y en el que se abren puerta y ventanas de la vivienda, completan y conforman la interesante simbiosis.




EL PORTERÍN: DE LA MAZORRA A MANZANEDO.




FOTOGRAFÍAS: Portillo de El Porterín y tierras altas de la sierra.



La sierra de El Porterín es una línea montañosa que, situada al sur del Ebro, forma con la sierra norteña de El Rojo el valle de Manzanedo. Formidable barrera de roca caliza, que llega por el oriente hasta el puerto de la Mazorra y por el occidente hasta la hoz de Tudanca, El Porterín tiene (o tenía) varios pasos o portillos que fueron utilizados en el pasado por los vecinos de dicho valle. Se recuerdan el portillo de Las Tijeras y el del Oso, aunque el de uso más regular fue el que llaman también El Porterín. Todos fueron utilizados para subir a las tierras altas de la sierra, donde cultivaban los terrenos más aptos y donde llevaban a pastar sus ganados. El Porterín no era un camino entre pueblos, aunque en casos excepcionales, como por ejemplo las frecuentes crecidas del Ebro, que dejaban aislado al vecindario de las granjas de la orilla sur del río, fuera utilizado como salida a Ahedo de Butrón, Dobro, etc.

Desde tiempo inmemorial y por no se sabe qué suerte de dictamen o acuerdo, fueron los vecinos de Manzanedo pueblo los que tenían como Propio las tierras de El Porterín. Por ello eran ellos los que, lógicamente, más lo utilizaban.

Las crecidas del Ebro

Las crecidas del Ebro, ya se ha apuntado, eran un drama para las familias que vivían al otro lado del río; recuérdese por ejemplo que el pueblo de Remolino desapareció por los trastornos que le ocasionaban, al llevarse una y otra vez los puentes que le comunicaban con el camino general del valle (ver “Los pueblos del silencio”). A la granja de Retuerto, situada enfrente de Argés, le pasaba igual, y no tenía otra salida al mundo exterior que la de El Porterín. Se cuentan, en este sentido, historias que ponen los pelos de punta. Por ejemplo la de aquella mujer que, en plena crecida, se puso de parto en Retuerto y su marido tuvo que ir, con una borriquilla, en busca del médico hasta Dobro. Fue un viaje épico: subió El Porterín, atravesó la sierra, llegó a Tudanca y Tubilleja, subió a Ahedo de Butrón y de allí a Dobro (sólo quien conoce estos lugares puede hacerse idea de lo que significa semejante viaje); buscó en esta localidad al médico y éste le acompañó durante un tiempo, hasta que una inoportuna nevada les pilló cerca de La Mazorra y el médico se tuvo que volver. El futuro padre siguió hasta que la nieve ya le desorientó totalmente en plena sierra. Fue entonces cuando dijo: qué sea lo que Dios quiera, que sea la burra quien me lleve. Y la burra supo encontrar el portillo de El Porterín y con él la granja.

viernes, 11 de septiembre de 2009

EL MONASTERIO DE RIOSECO, UNA INVERSIÓN DE FUTURO



Diario de Burgos, abril 2009

Miles y miles de parados y el patrimonio histórico artístico de la región se nos cae, y gran parte camina hacia la desaparición. Cada día más personas sin saber cómo y en qué ocupar sus días de depresión e incertidumbre y los bosques siguen sin limpiar y los monumentos se degradan y desmoronan ante nuestra indiferencia.

En 2008, 17. 000 trabajadores se fueron de Burgos a otros lugares en busca de trabajo, ya que aquí no les era posible encontrarlo. Y eso ha sucedido mientras el monasterio de Rioseco y otros bienes patrimoniales se nos están cayendo.

Lo sabemos todos: el turismo es una pieza fundamental en la economía y en el desarrollo de la comunidad castellano-leonesa, es la gallina de los huevos de oro, y el patrimonio histórico artístico uno de sus más valiosos puntales. Por eso resulta más incongruente todavía que en la riada de millones que desde el Gobierno se están repartiendo para sortear la crisis no se tenga en cuenta la restauración del patrimonio que se está desmoronado.

Invertir en restauración del patrimonio natural y edificado es invertir en futuro, nos dicen, y es verdad. Pero se nos llena la boca de obviedades al tiempo que el convento cisterciense de Santa María de Rioseco permanece en el olvido y se desmorona día a día, minuto a minuto.

La lista de patrimonio que se está perdiendo en Burgos, tanto en su parte monumental como en arquitectura tradicional, es muy larga. ¿Quieren que hagamos una lista? ¿No? Claro, es comprensible, la conocemos todos, o casi todos, y sería demasiado tiempo el empleado para enumerarla. Tiempo perdido, nos dicen las ruinas de Rioseco, en el valle de Manzanedo, que no pueden esperar ya más para su consolidación.

La construcción está en crisis severa en España, también en Burgos. Miles de obreros de este sector se han ido al paro. ¿Qué hacemos con ellos?, ¿los ponemos de nuevo a sacar cantos del río Arlanzón, como en el programa “Coloño” de principios del siglo XX? Su experiencia laboral sería un bálsamo para la conservación de las monumentales ruinas de Rioseco. ¿A qué se está esperando?

IGLESIA DE HOZABEJAS, OTRA MÁS PARA EL RECUERDO






Suma y sigue: la iglesia parroquial de Hozabejas, saqueada hasta el infinito y abierta a todos los aires (¡hasta la puerta se han llevado ya!), es otra iglesia más que viene a sumarse a la ya larga lista de templos parroquiales que se dan por amortizados. Hace pocos meses vino publicado en la prensa local de Burgos una noticia-denuncia sobre su estado de abandono, y yo, que todavía debo conservar algún punto de esperanza escondido en algún lugar, pensaba que de inmediato se tomarían medidas para su protección. No fue así, no ha sido así: he vuelto a Hozabejas y he comprobado que el expolio ha continuado y que los mismos vecinos de este pueblo caderechano dan por perdida su iglesia parroquial, a pesar de que el edificio, de elegantes valores góticos y con importantísima aportación del barroco, se encuentra todavía en buen estado. Resulta desolador ver los huecos vacíos de los retablos, el latín de los siglos por los suelos, los cajones desvalijados y desencajados... En fin, la historia familiar que se repite. Hozabejas se ha ganado por derecho propio y ajeno estar en la lista negra del patrimonio histórico artístico perdido en Burgos. Aunque, bien pensado, quizá no importe tanto como yo siempre había creído.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

CASAS NOTABLES VIII



FOTOS: Realizadas el 9 de septiembre de 2009, cuando los aledaños del arco se encontraban en obras.

UNA CASA DE VECINOS EN LA PUERTA DE SAN JUAN

Diario 16 Burgos, 30 enero 1994
A.M. BU. (Archivo Municipal de Burgos)

El inmueble número 42 de la calle de San Juan se halla construido sobre la histórica Puerta de San Juan, una de las doce que tuvo Burgos para atravesar la muralla que rodeaba la ciudad en el siglo XIII.

Si se prolonga la vista hacia el sur, río Vena abajo, se podrá ver que la armoniosa y coloreada línea de casas que se inicia en la citada puerta-arco, todas del siglo pasado (XIX), se interrumpe con uno de los cubos, milagrosamente conservado, de dicha muralla. Por cierto: qué hacer con ese solitario y semicircular resto del medioevo es, seguramente, una de las preguntas del millón que en la actualidad se deben estar haciendo los sesudos técnico de la Comisión del patrimonio. Mucho es de temer, sin embargo, que el citado testigo sea considerado como una anacronía y que ocurra como con la vieja Puerta de San Juan, que siendo de mucho más valor monumental, fue masacrada a mediados del siglo XIX.

A juzgar por un grabado del siglo XVIII de J. Pérez Villamil, la citada puerta-arco-torre tenía cierto aire de baluarte defensivo, con una especie de almenar cubierto, matacán central y saeteras en la fachada del oriente. Todo aquello desapareció bajo la piqueta en 1842, y de ello se lamentaba el que fuera alcalde de la ciudad Eduardo A. de Bessón en sus “Apuntes de Burgos”: “acaba de borrarse del arancel artístico de la ciudad un notable monumento con la destrucción de la Puerta de San Juan”.

Se dice que el susodicho arco estuvo bajo la advocación de la Virgen de Gracia, sin embargo, el buen callejero burgalés sabe que, en uno de sus lados, hay una hornacina con verja de hierro que cobija la imagen de una Virgen del Rosario, además de una vieja hucha que llenar, en la que quién sabe si todavía habrá algún real de vellón. Pero sea de Gracia o del Rosario, el hecho es que este arco se encuentra físicamente unido al puente de San Juan (ahora de dice de San Lesmes) y que tuvo una importancia extraordinaria para la capital, pues no en vano por las dos, arco y puerta, habían de cruzar los peregrinos del Camino de Santiago, así como todos aquellos que, con sus mercancías, llegaban a Burgos procedentes de Vascongadas y La Rioja. Y tan intenso debía ser el trasiego por el puente, y tan intensas las riadas que le maltrataban, que el Regimiento tuvo que tomar determinaciones como la que sigue: “Nadie entrase por la Puerta de San Juan con carro, carreta, caballería ni otra carga por el perjuicio que se le seguía al puente”, algo que levantaba las iras de los monjes del cercano Monasterio de San Juan, que tenía derecho de pontazgo”.

Parece fuera de duda que tanto las murallas como las puertas en ellas insertadas eran elementos con un componente marcadamente defensivo, y por ello no ajenas al universo de la milicia; tal vez así pueda explicarse que quien adquirió el inmueble después del mencionado derribo de 1842, lo comprara a los estamentos militares. Así figura en un expediente de obras de 1846 para construir esta casa de tres pisos: “Don Valentín García vecino de esta ciudad solicita permiso para edificar en el Arco de San Juan que dice compró a la Hacienda Militar en remate público del día 8 del presente” (A.M.BU).

lunes, 7 de septiembre de 2009

LIMPIEZA EN EL MONASTERIO DE RIOSECO




FOTOS: Antes y después del desbroce en Rioseco.
En días recientes se ha llevado a cabo una magnífica labor de limpieza de la selva que enmascaraba y erosionaba las ruinas del monasterio cisterciense de Santa María de Rioseco, del valle de Manzanedo. Ahora, desaparecida la maleza, puede verse con mucha más amplitud el enorme valor artístico de este impresionante cenobio. Se espera que esta limpieza sea un primer paso hacia la consolidación de los restos, pero no hay que hacerse muchas ilusiones, a lo peor sólo sirve para facilitar la labor de los expoliadores, que encontrarán menos dificultades para arrastrar las piedras que elijan llevarse. Urge, en este sentido, un vallado firme del conjunto y una vigilancia extrema.

En todo caso, sirvan las fotos que se adjuntan para ver el antes y el después del desbroce.

viernes, 4 de septiembre de 2009

CASA LA VEGA, REFUGIO PARA EL LLANTO DE JUANA LA LOCA








FOTOS: Conjunto de Casa la Vega tal y como aparecía en 2002. Ventana de Casa la Vega; por ella pudo mirar la reina Juana hacia la Cartuja de Miraflores. Dintel con inscripción en el molino. Represa para el molino.




Lo expuse y propuse en 2002, allí donde creí que debía hacerlo, pero nadie tuvo en cuenta mi humilde opinión. Sugerí que la ya desaparecida Casa la Vega, o algún testimonio de ella, se convirtiera en un hito y referente de la ruta cultural que ahora se está creando en torno al viaje que hizo la reina con el cadáver de su marido Felipe el Hermoso por los campos del Arlanzón y del Cerrato. Pero pudieron más los planes de desarrollo urbanístico que los idealismos históricos, y de Casa la Vega hoy no queda nada, ni rastro, sólo su recuerdo en la memoria de muchos burgaleses y en los archivos.

Casa la Vega fue en tiempos una finca de recreo de los Condestables de Castilla a las afueras de Burgos, junto al río Vena. En una de sus dependencias se alojó la desventurada reina Juana I de Castilla, durante casi dos meses y tras la muerte de Felipe el Hermoso, hasta que partió hacia la Cartuja de Miraflores, el 20 de diciembre de 1506, dispuesta a recuperar el cadáver de su marido y emprender con él el viaje más alucinante que imaginar se pueda (Ver en mi libro “El año de la Gripe” el itinerario completo que hizo la reina).




CARTA DIRIGIDA AL ALCALDE BURGOS


Con el debido respeto, me dirijo a usted y a la Institución que representa para hacerle llegar una cuestión sobre la que, en mi opinión, es urgente tomar alguna decisión. Me refiero a la conservación de alguna parte de lo que se conoce en Burgos como Casa la Vega, que en tiempos fue lugar de recreo de los Condestables de Castilla. Parece que será en breve cuando comience a urbanizarse este histórico lugar, integrado ya en la ciudad de Burgos, y desconozco si en los planes urbanísticos diseñados se halla la idea de preservar alguno de sus elementos.

Como quiera que dicho lugar todavía contiene algunos restos de interés, como algunas ventanas de arco carpanel, propias del siglo XVI, insertas en viejos muros del posible palacete de los Condestables, así como un antiguo molino, con dintel en la puerta de acceso que contiene epigrafía del Duque de Frías e inscripción de 1848, llamo la atención del Ayuntamiento, que usted tan dignamente dirige, para que en la medida que sea posible todo ello pueda ser conservado.

Mi interés sobre esta Casa la Vega, además de por los valores arquitectónicos y artísticos ya referidos, viene determinado por el hecho de que, en la actualidad, estoy investigando y confeccionando una ruta cultural a la que he bautizado como “RUTA TRISTE DE JUANA I DE CASTILLA”, que concierne a las provincias de Palencia y Burgos y que es la que llevó a cabo la reina Juana I de Castilla con el féretro de su esposo, don Felipe el Hermoso, por campos y aldeas de Castilla, saliendo, precisamente, de dicha Casa la Vega.

Esta ruta cultural, en mi opinión, tendría mucho más interés que la ya marcada de su hijo, el emperador Carlos V, pues está llena de leyendas y de hechos conmovedores que yo mismo he investigado a través de los documentos y de la tradición oral. En una primera parte, tendría su inicio en la susodicha Casa la Vega, donde se instaló la reina tras la muerte de su esposo y de donde partió a la Cartuja de Miraflores para coger el féretro de su marido, y finalizaría en Arcos de la Llana, en cuyo lugar permaneció por espacio de dieciocho meses, después de un periplo alucinante.

La desaparición del conjunto de Casa la Vega, pues, sería un hecho a lamentar porque por un lado se perderían unos interesantes restos históricos y arqueológicos, y por otro, la ruta mencionada, que muy pronto propondré a la opinión pública y que tanto podría ayudar a potenciar el turismo si fraguara, se vería cercenada en sus orígenes. Es por ello que suplico se tomen las medidas oportunas para su conservación.

En Burgos, a 7 de enero de 2003.




CARTA DIRIGIDA AL DELEGADO TERRITORIAL DE LA JUNTA DE CASTILLA Y LEÓN


En relación con mi escrito de 7 de enero de 2003, referente a la conservación de Casa la Vega, quiero aclarar, por si no quedaba suficientemente especificado, que mi petición de conservación no era, ni ahora tampoco lo es, necesariamente extensiva a todo el conjunto. Lo decía así al principio del escrito: “Me refiero a la conservación de alguna parte de lo que se conoce en Burgos como Casa la Vega”. Y cuando digo alguna parte del conjunto estoy pensando en los elementos más nobles hoy visibles (puede haber otros que externamente no se vean), como son el muro que contiene los ventanales, probablemente del siglo XVI, y el molino que está junto a las actuales viviendas, cuyo dintel fechado en 1868 señala la propiedad del duque de Frías en aquel año.

Entiendo que no son elementos muy llamativos, pero, en mi modesta opinión, tratándose de un lugar que forma parte de la historia de Burgos cualquier elemento con siglos de antigüedad tiene interés. La conservación, por ejemplo, de uno de los mencionados ventanales, dentro de un pequeño jardín y con una placa que explique que en esta casa vivió Juana I de Castilla tras la muerte de su esposo, Felipe “el Hermoso”, y que de ella partió hacia la Cartuja de Miraflores cuando decidió coger el cadáver para llevarlo a enterrar en Granada, sería una opción dentro de otras muchas.

Valorar, y en su caso preservar, todo el conjunto o parte de él, es algo que tendrán que dilucidar los técnicos y las Administraciones correspondientes. Por mi parte, adjunto algunas fotografías por si fueran de alguna ayuda en esa valoración.

En Burgos, a 25 de febrero de 20003



NUEVAS FOTOS DE CASA LA VEGA ENVIADAS PARA PUBLICAR EN ESTE CAJÓN DE SASTRE, EL 15 DE MAYO DE 2016, POR ENRIQUE LÓPEZ

Sin duda, son un documento importantísimo para el conocimiento de este lugar burgalés. Todos te lo agradecemos, Enrique.






















PASOS DE MONTAÑA III





FOTOS: Carretera del Cuatro en los Montes de la Peña. Túnel de la Complacera.

LA CARRETERA DEL CUATRO Y EL TÚNEL DE LA COMPLACERA EN LOS MONTES DE LA PEÑA

Sirvan estas líneas para rememorar la ascensión que llevé a cabo, en 1996, al Túnel de la Complacera, situado entre el valle de Mena y el valle de Losa. Mi buena amiga Aurora Fernández, maestra muy querida en tierras menesas y excelente conocedora del patrimonio de su valle, me dejó un día en Cilieza, al pie del camino. “Aquí empieza la Carretera del Cuatro, por aquí tienes que empezar a subir si quieres llegar al túnel, no tienes pérdida”, me dijo. ¡Buff!, habrá que tomárselo con calma, dije yo al ver el empinadísimo camino que araña la formidable ladera de los Montes de la Peña.

Me dejó Aurora y comencé mi lenta ascensión. La subida es ardua, pero muy gratificante, pues a mediad que se gana altura y el precipicio se agranda, el valle de Mena va adquiriendo mayor belleza. Llegado a un punto suficientemente alto, pude ver la razón de por qué se llama a este camino Carretera del Cuatro, que no es otra que por tener dos curvas pronunciadas que forman este número.

Quizá con menos calma se lo debían tomar todos los que por esta carretera (¡carretera, qué eufemismo!) tuvieron que trajinar, que debieron ser muchos desde su construcción en 1890, bien con carretas, con caballerías y otros ganados, o simplemente caminando.

Pero dejemos que sea mi Burgos en el Recuerdo 2 quien nos aporte un poco más de luz sobre este paso de montaña con túnel incorporado:

“[...] Excavado artificialmente en la roca viva, bajo el lomo de un portillo natural que cabalga entre los valles de Mena y Losa, en los llamados Montes de la Peña, este túnel comunicador de valles es parte integrante de un viejo camino que fue construido a finales del siglo pasado (XIX) para bajar a la estación de Mercadillo, del ferrocarril de la Robla, el carbón obtenido en los montes de Relloso, especialmente el que provenía del Monte Gurdieta. Sus dimensiones bien aproximadas, 65 metros de largo por 2, 5 de ancho y casi 3 de alto, son suficientes para que en su día permitiera el paso de las carretas que transportaban el carbón. No se ve huella de barreno alguno, lo que hace suponer que fuera hecho con puro esfuerzo humano, y dispone de una especie de acera, hecha con lastras, para independizar el paso de peatones y carretas.

El camino hacia el portillo donde se encuentra el túnel fue muy utilizado desde su construcción (1890-1891), tanto por los citados transportistas de carbón como por los vecinos de Losa que llegaban con sus ganados y excelentes patatas de siembra al ferial de Villasana de Mena, y vino a sustituir en el tránsito a otro paso cercano que hay en los mismos Montes de la Peña, llamado de San Mamés, por el cual bajaban también los caballos losinos a la parada de sementales que hubo en Anzo de Mena hasta aproximadamente mediados de este siglo XX).

Hoy, la Carretera del Cuatro está en desuso (sólo montañeros la utilizan) y en total abandono. Hace ya muchos años que bajó por ella la última carretera carbonera, nadie sube tampoco su ganado a los buenos pastos de Castro. Cilieza, el último pueblo que encuentra a su paso por Mena, es ya una población fantasma, pues sólo un vecino vive en ella, y algo parecido ocurre con Covides, Ovilla y los Relloso, los otros pueblos que conocieron bien el chirriar de las carretas. Quizá el último servicio comercial prestado por el camino y el túnel fuera el dado a los numerosos estraperlistas que pululaban por la zona en los años de posguerra, de cuya actividad hay cumplida memoria entre los meneses de más edad. Sobre esto último, cuenta Amelia, una vecina de Villasana que antes lo fue de Cilieza, que “A la estación de Mercadillo la llamaban entonces “La Frontera”, porque estaban allí los de Abastos y quitaban todo a los estraperlistas que bajaban por el camino”.