Elías Rubio Marcos y su "CAJÓN DE SASTRE"

Recopilación de artículos publicados y otros de nueva creación. Blog iniciado en 2009.

viernes, 23 de diciembre de 2011

¡FELIZ AÑO NOUVEAU!


FOTOGRAFÍA: Bruselas. Rue Vanderschrick

Mi admirado Víctor Hugo dijo una vez que la de Bruselas es la Plaza Mayor más bella del mundo. Ninguna objeción que hacer, humildemente lo rubrico y creo que todo el mundo que conozca esta maravilla lo haría. Sucede sin embargo que la capital europea tiene otro tesoro que creo es menos conocido. Me refiero a la arquitectura de sus barrios, a sus miles de casas construidas en art nouveau, un patrimonio sin parangón que recomiendo disfrutar alguna vez a todos los amigos de este Cajón de Sastre. Desde hace ya algunos años, desde que un tal Erasmus me robó una hija, vengo callejeando cada vez que tengo ocasión por la capital europea y he de decir que cada día descubro alguna maravilla nueva, aquí una puerta de filigrana imposible, allí un balcón de hierro con forma de mariposa, en esta plazuela un mural dorado de libélulas y búhos… Todo es arte y belleza en las fachadas nouveau, lo podemos ver en los más mínimos detalles, incluso en las rejas por donde se descargaba el carbón o en los limpiabarros. Hoy, queridos amigos y amigas, os quiero felicitar estas entrañables (para algunos, tontunas) fiestas de Navidad y Año Nuevo con un bonito detalle art nouveau bruselense. Sed buenos y felices.

viernes, 9 de diciembre de 2011

RECORTADO EN LA NIEBLA




FOTOGRAFÍAS: Sedano. (Tomadas el 8  de diciembre de 2011).

Hoy, queridos amigos y seguidores de este Cajón de Sastre, tengo que empezar por pediros perdón por las imágenes que aquí dejo. Quizá puedan herir la sensibilidad de alguien, espero que no mucho. Ayer, tratando de salir de la antipática niebla que en estos días nos envuelve, me puse en ruta para buscar el sol. Llegué a Sedano al mediodía y cuando todavía el meteoro se resistía a desparecer. En un extremo del pueblo, entre la espesura blanca, tuve ocasión de contemplar una escena de la matanza del cerdo que llamó mi atención, pues más me pareció una performance de un artista moderno que una estampa de contenido etnográfico. Colgado de una moderna grúa, el cochino, abierto en canal, se recortaba en el cielo blanco a más de diez metros de altura. En un primer momento pensé que el animal habría cometido alguna grave fechoría y le habían puesto allí para mayor escarnio, como se ponía en la antigüedad a los reos en las picotas. Pero no, se trataba sólo de dejarle a la fresca para un buen oreo. Pronto le bajarían y harían con él picadillo, que es lo suyo. Y es que las matanzas en los pueblos ya no son lo que eran.

jueves, 1 de diciembre de 2011

EL OLOR Y LA LUZ DEL VIEJO MOLINO

Junto al río Urbión. 

El imperecedero olor de la harina. 

El orín del tiempo y el abandono en el rodete.  

FOTOGRAFÍAS: Garganchón. Quintanaopio. Argote. Cantabrana. Jaramillo Quemado. (Tomadas entre 2007 y 2010).

Alguna vez he comentado aquí que siento especial debilidad por la arqueología industrial, quizá sea por esta revolucionaria y desbocada época que nos toca vivir. La conmovedora tecnología de un artefacto del pasado, una simple y solitaria polea de trasmisión colgada del techo de un telar apagado, el olor a vieja grasa expelido por las ruedas dentadas de una máquina que enmudeció para siempre por obsoleta, y alguna otra cosa tan humilde, pero tan evocadora, son señales, pequeños indicios que nos trasladan en el tiempo. Y ya que os he hablado de olores, os hago otra confidencia: el olor de los viejos y olvidados molinos es uno de mis perfumes favoritos. El edificio harinero puede llevar siglos abandonado, incluso podrá estar arruinado, o incluso quemado, pero a poca construcción que quede en pie, ese perfume de la molienda permanece, y permanecerá siempre, impregnado en cada piedra. Posiblemente sean cientos los molinos que en mejor o peor estado se conserven en Burgos a lo largo y ancho de nuestra geografía y a orillas de ríos y arroyos. Pero hoy, queridos amigos y seguidores de este Cajón de Sastre, permitidme que os hable de uno muy especial cuya ubicación, por motivos que vais a comprender, voy a eludir. Su tecnología es igual que la de todos y por eso no vamos a incidir en ella, nada especial descubriríamos. Su interés radica en que es el único caso que conozco que conserva la instalación de una dinamo para producir luz, seguramente la primera luz eléctrica que conoció el pueblo al que perteneció el molino. Acoplada mediante poleas a la maquinaria hidráulica, esta instalación, rústica donde las haya, es toda una lección de cómo los molinos cumplieron también la función de centrales eléctricas. La instalación de la que os hablo me hizo recordar a Santos Ibeas Prado, aquel entrañable e inolvidable electricista de la calle Laín Calvo que conoció los albores de la luz eléctrica en Burgos, aquel operador de los desaparecidos cines Parisiana y Avenida, aquel mago de la luz que, entre una y otra instalación en la capital y entre proyección y proyección en los cinematógrafos, encontraba tiempo para ir por los pueblos instalando dinamos en los molinos, llevando su milagro a los pueblos que se lo pedían, ¡qué gran obra la suya! ¡de cuántos sueños realizados fue culpable!

Para dos piedras. 

Pero el molino del que os hablo tiene algo más que la instalación eléctrica acoplada, conserva también todos los elementos que eran necesarios a la molienda y a la familia molinera. Sumidos en la oscuridad y arrullados por el salto de agua, como lo dejó el último molinero, entre telas de araña cubiertas de telas de araña, conforman un mosaico de gran valor etnográfico. Pesas, celemines, cuartillos, romana, báscula, incluso normativas para la molturación clavadas en alguna viga..., todo un alarde de conservación. Hoy todo lo guarda una colonia de murciélagos que viven en el piso de arriba. ¿Hasta cuándo?


Polea, correa y dinamo. 

Dinamo e interruptor. 

Interruptor de cuchilla y voltímetro. 

Pesas. 

Medidas.

Corazón del molino. 


Medida y rasero. 

Romana. 

Correa de transmisión y dinamo.
Recuerdos de la normativa para la molienda.  

Guardianes del molino. Viven en el piso de arriba.


lunes, 14 de noviembre de 2011

VALPUESTA, EL BALCÓN TRANSFORMADO

VALPUESTA, EL BALCÓN TRANSFORMADO





FOTOGRAFÍAS: Valpuesta. (Circa 1975. Noviembre 2011).
A principios de los setenta encontré este delicioso balconcillo de madera en Valpuesta. Ayer, transcurridos más de treinta años, volví a este histórico lugar del confín de Burgos, que ahora parece salir del olvido, y hallé que la casa que le contenía ha sido restaurada y que el balconcillo se parece muy poco al de entonces. No sé lo que diría el arcediano valpositano que vivió en dicha casa si lo viera ahora, yo me quedo con la belleza del viejo. Aunque bien es cierto que debía encontrase ya en deplorable estado y con muy difícil recuperación.

domingo, 13 de noviembre de 2011

LA CÁMARA INDISCRETA




FOTOGRAFÍAS: Valle de Valdivielso. Merindad de Río Ubierna. (Tomadas en 2010).

UNO
Introduje la cámara por un hueco de la casona arruinada y disparé al azar. Antes había pegado un ojo en el resquicio y pude ver que dentro todo era espesamente negro, tan negro y lúgubre como el olvido del pueblo vacío; no sabía lo que la cámara podría encontrar. Sería, pues, una sorpresa cuando descargara las fotos en mi ordenador. Profanaba la oscuridad y la memoria de la noble casa, lo sé, pero quería probar el hacer de la máquina al enfrentarse con la soledad de un espacio oscuro, sin mi mirada y sin mi dirección. Y vaya si lo vio, la máquina lo vio todo. Captó una escena de la despoblación, una más de las que en su día me helaron el corazón. Una mesa, una silla, una cómoda de orinal destartalada, dos garrafones, y cascotes de una ruina plena de vida. Debió ser un instante especial para la habitación oscura, sorprendida en su silencio por el fogonazo del flash. Debieron conmoverse los enseres que dieron calor a unos habitantes que huyeron de la aldea hace años. La mesa con el hueco del brasero, la silla, la desvencijada cómoda, una ventana al patio sombrío de las zarzas...

DOS
El derribo de la casa dejó a la vista dos cruces, dos crucifijos que fueron protectores de los que durmieron en su compañía. ¿Se paró la máquina cuando aparecieron? No, los colosos mecánicos no entienden de religiones ni tradiciones, tampoco de historias vividas, continuaron borrando el pasado hasta convertirlo en un solar. Fin de una época.

lunes, 7 de noviembre de 2011

VALPUESTA, LA PINTURA RASGADA

 
Iglesia y torre en Valposita,
 El antiguo monasterio de Santa María de Valpuesta,
después Sede Episcopal, es un
lugar histórico como pocos. 

El abandono era clamoroso en los años setenta.
Pintura rasgada en la Colegiata de Valpuesta.
El abandono y la humedad pudieron con ella.
FOTOGRAFÍAS: Valpuesta. (Tomadas en torno a 1974).

Siempre la he tenido apartada, reservada por si alguna vez le llegaba su oportunidad. Es una fotografía hecha hace casi cuarenta años, cuando Valpuesta era la gran desconocida en Burgos y languidecía en el más terrible de los abandonos. Nadie se preocupaba de este lugar, histórico como pocos. Valpuesta, cuna de la Repoblación, era uno de los grandes hitos de nuestro pasado y sólo contados eruditos sabían de su existencia e importancia. Su Colegiata gótica, su gran torreón y sus casas nobles formaban por entonces un cuadro de abandono que a algunos nos hacía llorar. Ni qué decir tiene que era aquella una época en la que el turismo por la provincia aún no se había inventado: Covarrubias, Frías, Oña y poco más. Valpuesta, que fue sede episcopal burgalesa después de Auca, parecía abocada a la ruina total, sólo desde Vitoria algunos iluminados románticos clamaban por su recuperación. Estar en la raya fronteriza con Álava, extraviada en un confín de la provincia, era entonces, a lo que se ve, un problema, pero más lo era el desinterés de los que debían velar por el patrimonio en Burgos. Afortunadamente, ha llovido mucho desde entonces y ahora Valpuesta, con los títulos y declaraciones de última hora que lleva consigo, y alguna que otra restauración, luce como se merece, más por los balbuceos del castellano en su cartulario, descubiertos en las últimos tiempos y competidores con los de La Cogolla, que por otra cosa. En fin, a lo que iba: de aquella época de abandono os traigo aquí, queridos amigos y seguidores de este Cajón de Sastre, una muestra bien significativa: la foto de un cuadro que encontré colgado en lo más alto (creo que de lo que fue sacristía, aunque este detalle no lo puedo precisar, quizá pudo ser en alguna de las capillas). El lienzo, de época indeterminada, era un poema, como se puede ver, se caía a pedazos en el cutre marco que lo sostenía; pero, con todo, todavía dejaba ver una escenografía en la que se adivinaba la traición de Judas Iscariote. Si uno se fija bien, puede llegar a ver, como figura central, la bolsa de las 30 monedas de plata de la traición; también un soldado en plan agresivo y hasta un grupo de soldados a la izquierda sobre los que asoma un bosque de lanzas. Menos clara es la parte de la derecha del cuadro, donde parece adivinarse un numeroso grupo de personas sin identificar y quizá también un castillo.
Para contextualizar este lienzo del oprobio, os adjunto un par de fotos del conjunto de Valpuesta, en blanco y negro, como corresponde a la época. Quienes hayáis estado hace poco en este escondido rincón burgalés notaréis alguna diferencia, sin duda.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

ANTÓN VAGA POR MOGARRAZ

Vagando por la Calle Mayor.

FOTOGRAFÍAS: Mogarraz (Tomadas en octubre de 2010).

En la noche otoñal, cuando los vecinos de Mogarraz están recogidos en sus casas, el murmullo de la vieja fuente trasciende bajo la luz ambarina y fantasmal del alumbrado de las calles. Nada se mueve, nada se oye fuera del chorro cantarín.

Tiene algo la noche de Mogarraz.
Por la mañana, cuando los primeros rayos del sol hacen brillar las castañas y el humo de las chimeneas busca la verticalidad, un singular, solitario y madrugador habitante vaga por el pueblo. Olisquea aquí y allá, se cuela también por pasadizos, todo lo ve en orden, como lo dejó el día anterior. Conoce cada calle, cada rincón del pueblo, quizá también conoce a cada vecino, y es seguro que todos los vecinos le conocen a él. Todo el mundo le respeta en su habitual ronda, todos le dejan ir en paz. Se le ve feliz, no parece un alma en pena. ¿Y quién es este personaje?, ¡un marrano!

La fuente de los siglos.
Perdonadme, queridos amigos y seguidores de este Cajón de Sastre, que me haya salido de los límites auto-impuestos, algunos precedentes tengo. Disculpadme también por el simpático cuadrúpedo, espero que no os parezca de mal gusto. El caso es que yo no quería entrar por este vericueto, pues mi intención era abrir una etiqueta con pueblos de Castilla y León y compartir con vosotros los que, por su arquitectura popular, son mis favoritos (sí, lo habéis adivinado, Mogarraz es uno de ellos). Pero al revisar mis archivos fotográficos, me salió al paso el cerdo callejero y ya no me pude resistir, os lo tenía que contar. Fue un día del otoño pasado, había dormido con mi familia en Mogarraz, salíamos del hotelito rural y nos tropezamos con el guarro por la calle mayor, frente a la fuente de granito de 1672. Nos sorprendió que no se sorprendiera por nuestra presencia, pasó como si nada junto a nosotros, sin inmutarse, sin ningún gesto de temor. Siguió su camino con total indiferencia y le vimos alejarse calle arriba. ¿Qué clase de broma era aquella? El asunto podía dar de si, de modo que interrogamos al primer vecino que encontramos. Y así fue cómo supimos que el personaje se llama Antón y que es protagonista de una vieja tradición en Mogarraz, una más de las muchas tradiciones que podemos encontrar en el ciclo festivo de invierno en los pueblos. De un año para otro, de San Antón a San Antón, un cerdo, alimentado por Ayuntamiento y vecindario en general, es soltado y vaga por el pueblo hasta que le llega la hora de, por arte de hechizo, convertirse en chorizo..., y otras delicias. Todo se aprovecha, todo se vende, y con lo que se obtiene se compra otro cerdo. Y así, la tradición puede continuar...

sábado, 29 de octubre de 2011

EL CARTEL Y EL VIEJO


FOTOGRAFÍA: Mecerreyes (Tomada en octubre de 2011).

En algunos lugares han querido proteger los famosos carteles del Nitrato de Chile declarándolos patrimonio cultural. Estoy de acuerdo, como lo estoy también en que se respeten los famoso toros de Osborne, son cosas con hondo significado y arraigadas en el pueblo. El uno es un icono en nuestros pueblos (particularmente me recuerdan que hubo burgaleses indianos que trabajaron en las salitreras de los desiertos chilenos), el otro lo es de nuestras carreteras. La imagen que aquí traigo hoy, queridos amigos y seguidores, se las trae. Por un lado el mencionado cartel, con relucientes azulejos y perfectamente conservado en Mecerreyes; por otro lado, una figura en la sombra, bajo el cartel, que en un primer instante llegó a confundirme, pues hubiera jurado que era humana y que respiraba. Estamos pues ante dos reliquias, al parecer del pasado. Pero al hilo de esta sombra se me ocurre pensar que todavía hoy en nuestros pueblos pueden verse, venturosamente, aunque cada día menos, esa es la verdad, figuras con boina y cachava como la aquí representada, solo que de carne y hueso. En realidad este modelo es el que más abunda en los pueblos que aún mantienen vida.

viernes, 7 de octubre de 2011

PORTILLO VALMAYOR: DE ORBAÑANOS A BOZOO, CAMINO DE LAS FERIAS DE MIRANDA

Iglesia arruinada de Orbañanos.
 El románico nos ve partir.

Portillo Valmayor.
En el lugar de La Cruz de la Peña.
Aquí se apostaban los salteadores de caminos
para robar a los que regresaban de las ferias con la bolsa llena.

El camino se hunde en la espesura... 





... debajo de un planeta verde.

Restos de construción. El camino se humaniza.

Muro de contención. 



Otoño en los montes de Besantes,
por el camino escondido

Al fondo puede verse la central atómica de Garoña.

El camino desciende a cielo abierto, hacia Bozoo. 

Sierra de Besantes desde el camino. 

Cerca de Bozoo el camino se convierte en pista.

Iglesia de Bozoo.
Nos vieron partir los restos románicos de Orbañanos
y nos ve llegar esta magnífica portada. 
FOTOGRAFÍAS: Tomadas en el verano y el otoño de 2011.

Siguiendo con la serie de pasos de montaña, traigo hoy aquí, queridos amigos y seguidores de este Cajón de Sastre, una ruta en el valle de Tobalina que hasta este verano desconocía. Hago antes un inciso para deciros qué llegué recientemente a este valle con el ánimo de encontrar otro paso montañero al que desde hacía muchos años tenía echado el ojo. Me refiero a Paso Malo, en Pajares, debajo de las tumbas de la Peña el Mazo, y que yo pensaba que debía atravesar la sierra de Árcena para comunicar con tierras de San Zadornil. Semejante nombre ¡Paso Malo!, tenía para mi gran atracción. Sin embargo, al final resultó que se trata simplemente del inicio de una senda para remontar la sierra, sin comunicación alguna y sin connotaciones sociales de interés. Como se dice en estos casos “mi gozo en un pozo”. No obstante, en el mismo día de la exploración aproveché para visitar a mi amigo Ángel Oña, que vive en San Martín de Don. Le conté mis inquietudes por los portillos que significaron algo para las gentes de los pueblos. “¿Portillos? Mira, allí tienes uno, en Orbañanos”, me dijo señalando con el dedo índice la falda oriental del Humión. “Es el Portillo Valmayor”. Le pedí detalles y prefirió acompañarme hasta Orbañanos para mayor seguridad de orientación; así también podría visitar a su amigo Jandro, el pastor octogenario que vive en aquel pueblo bajo el Humión, a quien hacía tiempo que no veía y que a buen seguro podría darme más noticias del portillo. Así fue, en efecto, en la animada charla con los dos tobalineses, aureolados por las románicas ruinas de una iglesia que nos miraba desde lo profundo de un barranco, supe que el Portillo Valmayor era parte de una vieja ruta montañera por donde los habitantes de los pueblos al sur del Ebro, desde Frías a Bozoo, pasando por Orbañanos, iban andando y con sus ganados hasta Miranda, generalmente para asistir a las ferias de marzo y de mayo, aunque también para proveerse de otros bienes de consumo que sólo en la ciudad se podían encontrar. Eso cuando aún la actual carretera junto al Ebro era poco menos que un sueño. Alejandro Cantera (Jandro), a pesar de su avanzada edad (85), nunca vio pasar a nadie que no fuera montañero o cazador, por lo que intuí que el viejo camino de Bozoo, aquel que es citado por Madoz en su Diccionario, hacía más de un siglo que criaba abandono.
Bien, pues ya tenía un nuevo portillo que explorar. El pasado día 5, acompañado de tres buenos amigos, expertos conocedores de los montes burgaleses, volví a Orbañanos con intención de recorrer esta olvidada ruta por los montes de Besantes. Y tengo que decir que fue una gran experiencia. Pocas veces había sentido la emoción del camino como en esta ocasión. Durante el recorrido siempre tuve la impresión de que explorábamos una ruina histórica en la selva. Escoltados por la ladera del monte Flor, nuestro caminar entre los roquedos del val mayor, bajo las sombras de hayas encendidas por el otoño, de mostajos, madroños, pinos silvestres, acebos, robles, encinas, alcornoques..., era toda una aventura. Se perdía el camino, volvía a aparecer más adelante. Camuflado, bien se veía que hacía siglos que nadie había pasado por él. Y sin embargo era real. De cuando en cuando, pequeños pedraplenes en los portillejos, en los zigzag, nos recordaban que hubo un tiempo en el que alguien se encargaba de mantenerlo transitable. ¿Y si fuera un Camino Real? Tras horas de rastreo, ya cerca del Corral de los Extremeños, el Flor nos dejó ver un pedacito del Humión, del que todo lo domina en Tobalina, y también la nuclear de Garona, tan anacrónica en un paisaje tan sumamente ecológico, tan agreste. Después de varios sube y baja en las sombras, desde el citado corral el camino, mucho más nítido, comienza el descenso a cielo abierto, hacia Bozoo. Llegados a este pueblo, los tobalineses de las ferias, con sus bestias, ya no tendrían dificultades mayores para llegar a Miranda, como no fuera el temor a los salteadores de caminos. Pero el viaje era largo, por eso algunos hacían parada en Orbañanos, en la bolera, junto a la iglesia románica que hoy vemos en ruinas.

PD 1: Gracias a Javier Abad, alcalde de Bozoo, por habernos llevado, ya bien entrada la noche, hasta Orbañanos. Siempre recordaremos y agradeceremos tu gesto.

PD 2: Lo anterior no ha sido una ruta para senderistas, por mucho que a alguien así le haya parecido. Ha sido un retazo de nuestra historia olvidada.

martes, 4 de octubre de 2011

LA CAMBIJA DE SASAMON SE DIGNIFICA




FOTOGRAFÍAS: La Cambija de Sasamón, lavaderos y entorno ajardinado (Tomadas en septiembre de 2011).

El 30 de marzo de este año insertaba en este Cajón de Sastre una entrada sobre el deplorable estado en que se encontraba la Cambija de Sasamón, una construcción medieval para distribución de agua única en Burgos. Aprovechaba para hablar de abandono, de dejadez, de incuria... con respecto al patrimonio en la provincia. Pues bien, hoy vengo con buenas noticias. La cambija de Sasamón está siendo dignificada. Recientemente he pasado por la vieja Segisama y me he encontrado con la agradable sorpresa de que este monumento y su entorno está siendo objeto de una restauración muy acorde con lo que yo mismo siempre había imaginado. Todavía los trabajos de acondicionamiento, llevados a cabo creo que por prestación personal de los propios vecinos, continúan, pero permitidme, queridos amigos y seguidores, que me adelante a su culminación para daros la buena nueva. Y es que, después de tanto tiempo de haber clamado por lo que ahora se está acometiendo, mi alborozo es inmenso. Os envío alguna imagen de cómo está quedando. Más adelante, cuando todo haya finalizado, volveré de nuevo para regalaros con la imagen definitiva. Enhorabuena a todos.

viernes, 23 de septiembre de 2011

EL RETABLO PINTADO


FOTOGRAFÍA: Iglesia de Villanueva del Grillo (Tomada en 1999).

Ha pasado una docena de años desde que visité por primera vez las ruinas de Villanueva del Grillo, un pueblecito del valle de Tobalina, al pie de la sierra de Árcena, que tuvo la desgracia de convertirse en uno de los pueblos del silencio, también en un montón de ruinas. Entonces a duras penas pude acceder a su iglesia, de tanta maleza y escombros como había. Pero lo hice, con gran riesgo, por cierto, y bien que mereció la pena, pues me encontré con algo que para mi era insólito: ¡un retablo pintado! Nunca antes había visto un caso semejante, lo cual vuelve a poner de manifiesto mi ignorancia sobre tantas cosas. Conocía, eso sí, algunos ábsides medievales con bellas pinturas románicas descubiertas al desmontarse retablos de madera más modernos y descubrirse los revocos, pero no un retablo pintado. El armazón pictórico de Villanueva, con sus columnas y frontones, conforman un trazado clásico, quizá renacentista, pero las pinturas, tan próximas a Herrán, de las que ya hablamos en una entrada reciente, parecen acercarnos más al XVII. Por ello y porque la mano maestra que se aprecia en la ejecución de los murales de Herrán no es percibida en Villanueva del Grillo, soy de la opinión de que no debe existir relación entre ellas. Maestros hay que podrían dilucidar esta cuestión, si es que la iglesia con sus pinturas no se hubiera desplomado ya por entero. Pero bueno, prescindiendo de tecnicismos y autorías pictóricas, el caso es que el descubrimiento me dio motivos para la reflexión. El tema me descolocaba, ciertamente. ¿Fue este retablo pintado en la cabecera de la iglesia, con sus correspondientes calles, el definitivo, el que los vecinos vieron siempre, o fue tan sólo un boceto, algo provisional sobre lo que más tarde se instalaría uno convencional de madera? ¿Había en dicho siglo, o en otros cercanos, la costumbre de pintar los bocetos sobre los ábsides antes de colocar los armazones de madera, con sus nichos para la imaginería incluidos, o fue éste un caso aislado? Demasiada molestia para ser tan solo algo provisional, pienso. Quizá algún vecino de los que moraron en este lugar tobalinés podría decirnos si su iglesia llegó a tener retablo de madera. He vuelto a Villanueva recientemente, pero no encontré a nadie cerca a quien preguntar, sólo hallé escombros ocultos por la maleza, el viento, el silencio y la áspera y despoblada sierra de Árcena.

viernes, 16 de septiembre de 2011

OJOS DE HIERRO

En un lugar del Ebro
de cuyo nombre no quiero acordarme


Lucía en una vieja puerta de Mahamud.
Ahora, quién sabe dónde.
FOTOGRAFÍAS: Pueblo anónimo y Mahamud (Tomadas en 2007).

Registrando en mi viejo baúl, queridos amigos y seguidores, he encontrado este tesoro. No digo donde se encuentra el original, solo apunto, por razones que todos entenderéis, que se halla en un pueblo burgalés del Ebro, en uno de esos lugares en los que todavía pueden verse bellezas artesanas de otro tiempo. No sabemos quién fue el autor de esta obra de arte, quién el anónimo artista de hierro y fragua que ahora nos deleita y conmueve. Seguramente fue un simple herrero de pueblo, un trabajador de obra negra cuya chispa creativa merecería figurar hoy en cualquier museo y en cualquier catálogo. Las cabezas de gran pico enfrentadas bien pudieran estar inspiradas en los buitres leonados que hacían cabriolas en el cielo de su fragua, o quizá en águilas de mirada seria, atentas en su picacho al sonar del yunque.
Recordemos, pues, con este ojo de hierro y con el desaparecido de Mahamud, siempre visible en la portada de este Cajón de Sastre, que hubo un tiempo en el que el arte vivía sin academia en el más humilde de los rincones y en los más sencillos detalles.