Elías Rubio Marcos y su "CAJÓN DE SASTRE"

Recopilación de artículos publicados y otros de nueva creación. Blog iniciado en 2009.

domingo, 29 de diciembre de 2013

TIEMPO Y RELOJ






FOTOGRAFÍAS: Maquinaria de reloj en Ros (2008). Reloj que detiene el tiempo en Zael (2006) 

Sólo los vecinos de Zael, por tener un reloj sin maquinaria y que marca siempre la misma hora, podrían engañarse ante la realidad inamovible del paso del tiempo. Un día sí y otro también leen en la plaza las doce menos cuarto, no sabemos si del mediodía o de la noche. Si fuera esto último, saben que pueden esperar sentados las campanadas de fin de año, porque no llegarán a sonar. Claro que tienen televisión y otros relojes de nuevas tecnologías, pero quizá prefieran su reloj de la plaza, siempre detenido en la misma hora.  
 A todos vosotros, queridos amigos y seguidores de este Cajón de Sastre, os deseo

¡FELIZ AÑO NUEVO! (aunque sea centenario de la Gran Guerra)


viernes, 27 de diciembre de 2013

BODEGA DE ALFONSO VIII Y UNA LOBERA EN CALERUEGA

Lobera  restaurada de Caleruega.
En primer término se aprecia el refugio cónico del  pastor .


"Bodega de Alfonso VIII" en  Caleruega. 


FOTOGRAFÍAS: Bodega medieval en Caleruega.  Lobera en Caleruega (Tomadas en diciembre de 2013).

Vuelvo a abrir este arcón después de una pausa ajena a mi voluntad (buscad la causa en la tontuna navideña que nos invade). Bien es cierto que no tendría que dar explicaciones a nadie por no atizar este fogón de curiosidades, al fin y al cabo, está en mi libertad hacerlo o no hacerlo, pues esta no es una empresa a la que tenga que rendir cuentas, pero sí siento necesidad de disculparme ante vosotros, queridos amigos y seguidores, sobre todo ante los que venís soportándome desde hace tanto tiempo. Pues eso, que perdón por mi ausencia. Y no es que venga hoy con tema elaborado, que va, todo lo contrario, lo que os cuento hoy es producto salido del puro holgazaneo, o por mejor decir, de un par de  excursiones que he tenido la fortuna de realizar. La primera de ellas a Caleruega, ¡por fin el sur! Allí tuve ocasión de disfrutar de una monumental bodega medieval, se asegura que propiedad del fallecido rey Alfonso VIII, (¡ahí es nada!) descubierta en 2009 y hoy abierta y expuesta a todo el que la quiera visitar. Qué maravilla, amigos míos, os recomiendo la visita. No lejos de allí (¡huy, veo que me está saliendo una vena oculta de guía turístico!) visité también un conjunto edificado pastoril al que en la zona han llamado siempre “lobera”. Es la primera tenada restaurada que conozco, también la primera que tiene incorporada la “vivienda” del pastor y también la primera convertida en centro de interpretación. Está muy bien el acondicionamiento, a veces, cuando menos lo esperas, alguien tiene felices ocurrencias y restaura elementos que no por muy humildes dejan de tener su valor. No busquéis, sin embargo, amigos míos, pese a su nombre, paralelismos con las trampas para cazar lobos que tan abundantemente existen en el norte de Burgos, aquí, el nombre de lobera debe venir de la protección contra el lobo y no de su caza. 

miércoles, 11 de diciembre de 2013

UN BELÉN EN CAPADOCIA


Arte bizantino.

FOTOGRAFÍA: Pintura bizantina en Capadocia. (Tomada en  mayo de 2010). 

 Ahora que se aproximan las Navidades, me ha venido a la memoria una pintura bizantina que pude fotografiar en mi viaje a Capadocia de hace tres años. Se encuentra en una de las muchas iglesias rupestres que hay en la zona de Goreme, no recuerdo en cual de ellas. Como podéis ver, se trata de un Portal de Belén de lo más curioso, con un niño Jesús enfajado desde los pies al cuello, la Virgen reclinada sobre un lienzo, derrochando serenidad y dulzura, y un buey y una mula asomados a la cuna con expresiones cómicas, o raras, especialmente la de la mula, cuya mirada parece un tanto aviesa. En todo caso, la pintura es una maravilla. Por eso quiero compartirla con vosotros, queridos amigos y seguidores de este Cajón de Sastre, estos días en los que todo bulle en torno a la Navidad.

Ya sé que hubierais preferido recibirla en postal, en vuestro buzón y con una dedicatoria personificada en el reverso. Así fue antes de los móviles y de Internet. ¡Recibíamos postales y cartas manuscritas! Hoy ya nadie escribe cartas a bolígrafo, ni a pluma, ni siquiera a lapicero; y si alguna vez nos llega alguna despistada, a los que conocimos aquel tiempo de los carteros de gorra, nos invade una profunda emoción y nos palpita acelerado el corazón. Nuestros buzones  se han  convertido en zona comercial. Recibimos, sí, alguna felicitación por correo ordinario, pero por lo general son de esas impersonales con firma enlatada, que ni fu ni fa. Ya digo, el teléfono móvil está siendo enemigo de la escritura ( una llamada sustituye a una carta), lo mismo que Internet con su correo electrónico; la escritura de puño y letra, si lo pensamos bien, es un arte maravilloso, y lo estamos perdiendo. Qué pena.

Buenas fiestas amigos

domingo, 8 de diciembre de 2013

LO LLAMAN CENCELLADA Y ES CARAMA








FOTOGRAFÍAS: Carama y arañas junto al Arlanzón. (Tomadas en diciembre de 2013).

De un tiempo a esta parte, en los informativos del tiempo meteorológico que todos los días nos dan por televisión, venimos escuchando la palabra cencellada para definir lo que en nuestra tierra burgalesa siempre hemos llamado carama. Yo, que queréis que os diga, amigos de este Cajón de Sastre, por mucho que insistan, como burgalés de raíz profunda, bien acostumbrado a los fenómenos de bajo cero, prefiero la segunda. Hoy he tenido ocasión de pasear entre carama y niebla y disfrutar de las bellísimas imágenes que las dos juntas producen. Estaba de aplauso. ¡Y qué tendrá la carama, que tanto gusta a las arañas! Esta noche, o en la madrugada, legión de obreras de los encajes han tejido mil y una maravillas para que la carama pudiera darles el toque sublime.


jueves, 21 de noviembre de 2013

EL RELOJ DE TORRE DE VILLAMAYOR DE LOS MONTES, UNA OBRA DE CANSECO


Torre relojera en el Ayuntamiento.

Tres cuerpos de fábrica y un campanario de hierro.


Tres campanas. 

FOTOGRAFÍAS: Torre relojera de Villamayor de los Montes 
(Tomadas en noviembre de 2013).


Último cuarto del siglo XIX, nace una nueva edad del hierro, que habría de perdurar en arquitectura hasta los años treinta del siglo XX. París, con su flamante Torre Eiffel, había marcado el camino. Tanto hierro junto no podía equivocarse y algunos arquitectos y profesionales trataron de seguir los pasos de la gigantesca obra con otras mínimas del mismo metal. Entre esas obras “mínimas” podríamos encuadrar las torres relojeras con campanarios de hierro. Y es que uno contempla la estructura de hierro de alguna de ellas, especialmente la torre del reloj de Villamayor de los Montes, y no puede por menos que soñar con el monumento parisino. El célebre relojero leonés,  Antonio Canseco, “Proveedor de la Casa Real”, según puede verse en placa comercial, fue el autor de esta obra en Burgos y constructor de las muchas torres relojeras que existen en España. Su firma aparece en el bastidor de la maquinaria del reloj, junto a una fecha: 1901.  Villamayor de los Montes, pues, debió inaugurar el siglo XX con un reloj que habría de marcar los ritmos de su existencia durante mucho tiempo. Son muchas las torres relojeras construidas por Antonio Canseco en España, todas con distintos y bellos  campanarios de hierro, pero esta burgalesa, con jaula campanil en forma de pirámide, en mi opinión, se lleva la palma. Por eso me ha parecido de justicia traerla aquí y compartirla con vosotros, queridos amigos y seguidores de este Cajón de Sastre. Canseco se esmeró en el campanario burgalés, en su estructura de hierro y en el número de campanas que alberga (tres y fundidas en su fábrica madrileña). Y es de suponer que ese esmero en la elaboración y sonería estaría en función de las pesetas que el Ayuntamiento quiso gastarse. Sorprende, ciertamente, que un pueblo no muy grande, más bien pequeño, como Villamayor pudiera permitirse el lujo de una torre relojera de este envergadura y belleza.  Existe un documento por el cual vemos que la torre relojera de Villamayor de los Montes debía estar instalada ya en 1903. Se trata de una carta dirigida al alcalde de este pueblo, escrita de puño y letra por el mismo Antonio Canseco, en la que se dan a conocer jugosos detalles de la construcción. Por su indudable interés, la reproduzco a continuación:


Placa desprendida y guardada en el Ayuntamiento. 


Madrid 29 de diciembre de 1903
Sr. D. Juan Camarero: Alcalde de Villamayor de los Montes (Burgos)
          Muy Sr. Mío y distinguido amigo: Con fecha 19 de Agosto pasado, me dirijí a V. Interesándole que me remitiera una comunicación en nombre de su Ayuntº  vrebe  y concisa del resultado de ese reloj de torre con motores a resortes, de la elegancia y seguridad del campanario de hierro dulce modelo J.  El sonido vibrante y extenso de las campanas de aleación acerada, como así mismo del contento del vecindario, y por si V. No la hubiera recibido, vuelvo a molestarle con ésta, rogándole me remita dicha comunicación lo antes que le sea posible, y con gracias anticipadas, me despido como siempre de V. Afmo. Amigo, QBSM
Antonio Canseco   


Maquinaria del reloj.

En el bastidor del reloj se ven las iniciales de Canseco
y la fecha de construcción.


Carta de Antonio Canseco
 dirigida al alcalde de Villamayor de los Montes.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

EL MOLINO ELÉCTRICO DE VILLAMAYOR DE LOS MONTES

Igualito en su forma a los hidráulicos. 

Sacos de harina.

El motor de la vida. 

Regulaban la marcha. 


FOTOGRAFÍAS: Molino harinero eléctrico de Villamayor de los Montes (Tomadas en noviembre de 2013).

Iba en busca de un reloj modernista en Villamayor de los Montes y me salió un molino eléctrico con piedra trituradora escondido en una nave. Y bien que lo agradecí, pues nunca había visto ningún molino harinero que se moviera con electricidad. En mis correrías por los pueblos burgaleses en varias ocasiones me hablaron de este tipo de molinos, pero nunca llegué a verlos. Me dijeron de uno en Parayuelo que ya había desaparecido, y de otros que no recuerdo. Los molinos eléctricos se instalaron allí donde no había ríos ni arroyos, ni existían corrientes de agua para impulsar los rodetes que movían las piedras. Debieron tener su apogeo a mitad del siglo XX, pero ya en los setenta tendieron a desaparecer. En realidad, los molinos eléctricos eran iguales que los hidráulicos, solo que movidos por la fuerza de un motor eléctrico acoplado a poleas de trasmisión. El de Villamayor de los Montes, que sirvió para cereal y pienso, se movió hasta finales de los sesenta o principios de los setenta con un motor de 12 caballos. Este motor lleva durmiendo casi medio siglo en un cuarto anexo al artefacto molinar. Por eso resulta milagroso que se conserve íntegramente, al igual que el instrumental eléctrico que le regulaba y daba vida. Consérvese, muéstrese y póngase en movimiento alguna vez para aquellos que nunca vieron funcionar un molino harinero.

sábado, 9 de noviembre de 2013

OTOÑO EN EL SUR





FOTOGRAFÍAS: Campos del sur de Burgos. (Tomadas en noviembre de 2013)


Que no debe haber peor cosa que ser ciego en otoño.

Cuando el Duero se viste de uva y oro, bajad al sur, queridos amigos. Si ya no hay uva, pero hay hojas de viña vináceas, bajad al sur. Si hay chopos encendidos que alumbran el río, bajad al sur. Si no hay hojas, ni uvas, ni chopos que doren, bajad también al sur, podéis encontrar la bruma de la mañana o la calígine del mediodía acompañando el verdor de los primeros  brotes de trigo.

Aquí os dejo, amigos de los colores, este regalo otoñal de la Ribera. 

miércoles, 30 de octubre de 2013

AMERICANOS DE MONCALVILLO

Moncalvillo de la Sierra.

Santiago Alonso bajo la placa de los emigrantes a México.

Aportaron capital para la luz y el mobiliario
de las nuevas escuelas


FOTOGRAFÍAS: Moncalvillo. (Tomadas en octubre de 2013). Antiguas (cedidas por Santiago Alonso e Isidra Alonso).  


“Llorábamos cuando nos íbamos,
y luego llorábamos allí”.

“Mi abuelo decía que al marchar dijéramos hasta mañana”.

“Yo lo que quisiera es que hubiera tierra de por medio, que no fuera mar, para poder volver andando”.

“Cuando a mi abuelo se le fue un hijo a Estados Unidos le dijo que si no había un sitio más cerca”



Despedida de emigrantes.
Museo Indiano de Colombres.


Una placa en una calle de Moncalvillo de la Sierra, con el título de “AVENIDA DE LOS EMIGRANTES A MÉJICO”, me puso recientemente sobre la pista. Indagaba otro tema de uso particular y me salió la emigración a América. Lo agradecí. A poco que rasqué la piel de este pueblo pude ver que su relación con el país centroamericano era mucho más que una anécdota. Pregunté y contacté, y así llegué a dar con Santiago Alonso Elvira, un vecino que decidió que su destino estaba al otro lado del Gran Mar, un lanzado que se echó al océano buscando algo más que lo que daba la pobreza de su tierra, que la escasez y dureza de sus campos, que lo poco que había para repartir entre una gran población.

“Cuando marché yo [mediado el siglo XX] habría cien vecinos por lo menos, y aumentó algo después. Nosotros éramos seis... y este terreno es muy pobre; han cultivado aquí en sitios que parece mentira. Todos los altos han estado arados, arábamos hasta..; era un pueblo muy esclavo pero muy trabajador. Pero nos juntábamos para arreglar caminos, para ir a por bellotas todos los vecinos y luego las repartíamos...”

Santiago Alonso es uno de tantos moncalvillenses que emigraron a México ("¡Hasta 20 de Moncalvillo nos juntamos en lo que es México!"). Su historia es una más de las muchas que se escribieron en este pueblo burgalés, serrano y americano. Podríamos ir casa por casa y en cada una de ellas encontrarnos  con relatos parecidos, efecto llamada, dramáticas despedidas, luchas y penurias calcadas, vidas empezadas, alguna alegría, demasiada añoranza, fracasos y retornos imposibles. Dicen que no hay una casa en Moncalvillo en la que alguno de sus jóvenes moradores no marchara a América, las chicas, más a Argentina, en los “dorados” 20, y los chicos, más a México. Y si no fue a América, fue a Igualada a partir de los años 30, y a veces, de una misma casa, a los dos sitios. Pero no es de la emigración de los pueblos serranos a la industriosa ciudad catalana, que incluso llega a tener una calle con el nombre de Moncalvillo, ni siquiera del emigrante moncalvillense en Nueva York que murió en las Torres  Gemelas, de lo que queremos hablar, que a todo eso podemos referirnos en otra ocasión, pues bien que lo merece. Hoy nos ceñiremos a México, dirigidos por el relato de Santiago Alonso Elvira, que a poco no se hizo Veracruzano de por vida, aunque sí mexicano, pues tuvo que nacionalizarse para poder residir largo tiempo.

EL OCÉANO IMPRESIONA  A LOS DE MONCALVILLO

Moncalvillo tiene esa magia especial de los pueblos donde la carretera que te lleva muere, no hay continuación, so pena de internarte por caminos de herradura que conducen a pueblos de pinares. Moncalvillo es hoy un bello lugar de supervivientes, con gente mayor en invierno y muchos veraneantes en verano, como tantos pueblos burgaleses. Pero hubo un tiempo de gran población, que se hizo de despedidas. Santiago Alonso, ahora con 82 primaveras a cuestas, se despidió un día de enero de 1949. Tenía 17 años y uno de sus tíos le había reclamado desde Veracruz. Y lo que son las cosas, se fue en avión, al contrario que tantos que fueron en barco, y no fue por miedo. Algunos que fueron a América, sin conocerlo, sí debieron tener temor al mar, y es que el océano era tan distinto a los montes serranos...  “Yo lo que quisiera es que hubiera tierra de por medio, que no fuera mar, para poder volver andando”, dijo un añorante de Moncalvillo que se fue con toda su familia y las pasó canutas en la travesía; pensar en un posible regreso y en el inmenso y bravo océano que se interponía le producía desazón.



Rosendo de la Fuente fue pionero
a finales del XIX.

Tío Martín y familia. en Veracruz.

Tío Rosendo en el bar, con mostacho a la usanza mexicana 


UNOS ERAN RECLAMADOS POR LOS QUE YA ESTABAN

Entre los emigrantes de Moncalvillo a América hubo de todo menos indianos. Indiano se dice del que fue a América, triunfó en sus distintas actividades, hizo fortuna y, como remate,  ostentación de ello.  El emigrante a secas, como lo fueron los de  Moncalvillo, era simplemente un esforzado trabajador y harto tuvo con sobrevivir con cierta dignidad. Como mucho, algunos llegaron a ser comerciantes, trabajando y regentando pequeños y variopintos establecimientos. Este es el caso de Rosendo de la Fuente, que fue el pionero de la familia que seguimos. Primero recaló en Argentina, y de allí pasó a México. Recién llegado a Veracruz, hacia 1890, se encargó de la limpieza de un teatro, “El principal”, para más tarde abrir un bar. Después, a rebufo del tío Rosendo, desembarcaron en el país azteca cinco hermanos, que eran poco  más que niños, tíos de Santiago, uno de los cuales, Matías Elvira, fue el primero en tocar tierra americana. La llegada de estos hermanos a Veracruz fue escalonada y se produjo entre 1910 y 1920, años convulsos, donde sonaban o resonaban voces carrancistas, maderistas, porfiristas, villistas, zapatistas.., todo un coro de celebridades e inestabilidades políticas, tiempos de revolución.

En medio de todo, el tío Matías dio empleo a su sobrino Santiago en la ferretería que regentaba, que recibía el nombre de “La Estrella”.

“La ferretería la tenía el tío Matías en Veracruz.  Estuve con el tío del 49 al 56, siete años. Y luego me independicé yo, pero ya en la capital, en DF, y ahí estuve tres años, con un negocio pequeñito, pequeñito, también de ferretería. Después volví a Veracruz, y entre otro hermano y yo tomamos la ferretería del tío Matías, la llamamos “La Nueva Estrella”.


Cuatro de Moncalvillo detrás del mostrador.
Rosendo, Matías, Martín y Roque.

Ferretería del tío Matías (primero por la derecha).
Santiago, una empleada del comercio y Clara Aguilar..


La peripecia americana de Santiago acabó cuando, después de doce años, en 1973, regresó definitivamente a su querido y añorado Moncalvillo. 

“En el 67 vine como para quedarme ya, quería estar aquí. Estuve como año y medio, y entonces yo era mexicano, [pues] me tuve que nacionalizar... Y tuve que pedir permiso para estar aquí [en España], entonces no podía trabajar, venía como turista, y en los papeles que tenía que rellenar, la prórroga y eso, puse que era para “estar con la familia”, y era cierto.  Regresé para allá en el 69 y ya en 1971 volví  para quedarme”.  


UNA TRAVESÍA DE 28 DÍAS

En sus idas y venidas de América a España, que fueron varias, Santiago prefirió volar en avión. Aunque también llegó a mecerse en alta mar. En uno de los viajes llegó a embarcarse en el trasatlántico “Virginia Churruca”, y cuando ya regresó definitivamente, lo hizo también en barco, en el “Satrústegui” y en clase turista. Esta última travesía, recuerda, le duró 28 días, casi un mes para el balanceo y digestión de la historia que dejaba atrás.


Cuatro de Moncalvillo
se dirigen al Consulado
del Gobierno Español en el Exilio, en DF.,
 para registrarse (1949)


VENDÍAN TODO PARA PAGAR LOS PASAJES

Al parecer, debió ser legión la gente de los pueblos de la sierra que emigró a América, y justo sería que algún día, alguien, recogiera en tesis doctoral esta diáspora, tan importante como desconocida. Santiago nos habla de jóvenes de pueblos cercanos al suyo que conoció allá, de La Gallega, de Castrillo de la Reina, de..., de burgaleses que, desembarcados en Veracruz, se desperdigaban al poco tiempo por lugares con nombres que nunca antes habían escuchado, Orizaba, Puebla, Cornavaca, Tampico, Lincoln, Cuautla..., que casaron con mexicanas de Texcoco, de Amecameca, de tantos lugares del bello y lejano país. Nos habla también el moncalvillense de familias completas que, tras vender todas sus pertenencias en públicas subastas, para comprar los pasajes, abandonaban su pueblo para ir a un destino incierto y quizá de nunca retorno.

“Algunos de los que se fueron a la Argentina [no pudieron volver], dicen que porque vendieron [todo]; es que vendían todo para el pasaje. Yo me acuerdo de pequeña de ir a la subasta, [de] cómo lo vendían en la misma casa, debajo de la casa... Vendían la casa, vendían las cosas, algunos las tierras... ¡Y llorábamos más cuando se marchaban...! ¡Se marchaban tan lejos...! Mi abuelo, cuando nos íbamos a Igualada, decía que le diríamos hasta mañana, que le diríamos hasta mañana, que él no quería [despedidas para mucho tiempo]. Y cuando se fue un hijo a los Estados Unidos, pues mi abuelo le decía que si no había otro sitio más cerca”.  [sic. Ana Abad, esposa de Santiago].

         
      UN PAISANO SE ENCUENTRA CON SANTIAGO EN VERACRUZ

Cuando estuve establecido en México [DF], estaba yo allí en la ferretería y llegó un señor bien montado, con sombrero y todo, y dice:

-Tú pareces paisano [de Burgos], ¿eh?
Digo:
-Sí.
Dice:
-¿Pues de dónde eres?
Digo:
-De Burgos.
Dice:
-¿Pero del mismo Burgos?
Digo:
-No, soy de Moncalvillo –digo-, del partido de Salas de los Infantes.
Dice:
-¿Pero del mismo Salas?
Digo:
-No, de Moncalvillo.
Dice:
-¡Cuántas veces he pasao yo por ahí! –Dice-, iba con mi padre a arreglar carros y pasaba mucho a los pinares.


DIERON PARA LA LUZ Y PARA LAS ESCUELAS

Como los indianos triunfadores, los emigrantes de Moncalvillo, aunque a menor escala, hicieron también obras benéficas para el pueblo que les vio nacer. Una veintena de ellos que vivían en México, aunados por Matías Elvira,   acordaron aportar dinero para traer la luz, de eso hace 42 años; hasta  entonces les llegaba, pobremente, de un central en Los Vados, igual que a La Gallega, Cabezón o Castrillo. Aportaron igualmente para el mobiliario de las nuevas escuelas, inauguradas en 1965. Tal mecenazgo requería un agradecimiento de todo el pueblo, y es lo que explica las dos placas del callejero cuyas fotografías aquí se adjuntan.

AGRADECIMIENTOS

A Ana Abad, que acompañó la memoria de Santiago.

A Isidra Alonso, que subió al desván de su casa en Moncalvillo
 y encontró una vieja fotografía del tío Rosendo. 

A Santiago Alonso y a todos los emigrantes de Moncalvillo. 


jueves, 17 de octubre de 2013

LA VOZ DE LAS PIEDRAS


Leyenda en un  dintel. 

FOTOGRAFÍA: Casa de Manciles. (Tomada en julio de 2011). 

Hace poco más de un año publicábamos en este Cajón de Sastre una entrada titulada “MENSAJES EN LAS VENTANAS”. Nos referíamos a leyendas encontradas en distintos lugares de la provincia, escritas en casas antiguas y sobre los dinteles de las ventanas. Hoy, continuando con el mismo tema,  traigo una nueva y curiosa  inscripción encontrada en una casa del pueblo de Manciles. “¡VIVA MI DUEÑO!”, leemos en ella. Mensaje directo donde los haya, sin duda. Y es que hacemos hablar a las piedras grabando o escribiendo lo que siempre queremos ver y escuchar. Así ha sido siempre, desde que aprendimos a escribir. Todo porque jugamos a perdurar. Pero los escritos en las piedras, aunque duraderos, tienen también su fecha de caducidad. Esta casa, con más de un siglo de antigüedad y con mensaje tan simpático, expresivo y sincero, está ya vacía, esperando quizá un próximo fin. ¿Qué habrá sido de aquél a quien se vitoreaba desde la ventana? 

sábado, 12 de octubre de 2013

BARRIO DEL PILAR, O DE LA SEDA



Donde ahora está la Escuela de Arte,
antes estuvo la Fabril Sedera.

Exposición de modelos fin de curso
en la Escuela de Arte. 


En 1944 se fundó la Fabril Sedera.
La ciudad se movía, no hay más que ver pasar el tren,


El Barrio de El Pilar fue el primer polo industrial de Burgos.
Allí se creó la Fabril Sedera.  
La chimenea de la Fabril Sedera todavía se conserva.


FOTOGRAFÍAS: Escuela de Arte de Burgos (2011 y 2012). Fábrica  Fabril  Sedera S.A. (Tomadas de una pintura). 


Las ciudades, como las personas, si no están muertas es que viven, así son las cosas. Burgos, aunque en un tiempo pudo alguien pensar que estaba  muerta y sin evolucionar, lo cierto es que algo se movía en ella, digamos que, a su manera, vivía. Y es que una ciudad, por muy retraída y centrípeta que sea, viene a ser como el movimiento continuo, que es imparable. Burgos nunca dejó de moverse, se movía incluso antes del Polo de Desarrollo Industrial, creado más allá de Gamonal en los 60. No hay más que observar las muchas fotografías antiguas, que por uno y otro lado se nos muestran, para ver que la evolución sin museo ha sido una constante en la ciudad. Los derribos de edificios, por antiguos u obsoletos, con el fin de crear otros nuevos, se han producido y producen continuamente, es el pálpito de la ciudad que no está muerta. Y algunas veces ha ocurrido bien a la vista y otras han pasado inadvertidos, todo depende de que la transformación haya ocurrido más cerca o más alejada del centro urbano. Tengo unas fotos delante de mí que son las que me han sugerido tan infantil perogrullada. Son unas imágenes que nos hablan de un barrio alejado del corazón urbano, del barrio del Pilar, que fue el primer polo industrial de la capital burgalesa. Hoy, que es la fiesta patronal de este barrio, ahora universitario, me ha parecido oportuno traeros, queridos amigos y seguidores de este Cajón de Sastre, un par de ejemplos de esa evolución, un antes y un después de un mismo lugar, un ayer y un hoy en el mismo suelo. En 1944 nació la fábrica de textil “Fabril Sedera S.A.”, muy cerca de “la” muy recordada S.E.S.A, otra fabril con parecida actividad. Y allí permaneció viva durante años, hasta que se trasladó al polígono industrial de Villalonquéjar. Aquel complejo fabril se sumió entonces en el abandono, y por impulso del movimiento continuo, fue derribado, y en su lugar, nació un solar, y donde antes hubo seda, emergió en 2011 el edificio azul, la nueva y flamante Escuela de Arte de Burgos.


Milagro de conservación. 


miércoles, 2 de octubre de 2013

DE VILLADIEGO A PARAGUAY


Palacio del siglo S.XVI en Villadiego. 

Placa conmemorativa junto al Palacio de los Velasco.


FOTOGRAFÍAS: Palacio de Bernardo de Velasco y Huidobro, en Villadiego (2011). Placa conmemorativa junto al palacio (2013). Río Paraguay. Mercado de Pettirosi. Caacupé. (2002).  

De nuevo he visitado Villadiego, que como ya os he dicho en entradas anteriores,  queridos amigos, hay algo en este lugar que me llama una y otra vez. Debe ser la paz que se respira en sus calles, sus rincones y plazuelas rezumantes de historia y sosiego, debe ser que aquí encuentro la vida detenida, los lunes, los martes, los miércoles... Las ciudades son como los niños, que no nos gusta que crezcan cuando tienen dos y tres años, pero crecen, y se hacen inhóspitas a veces. Villadiego se quedó en niño. Todo viene a cuento porque en el recorrido reciente por la villa con unos amigos, pude ver un detalle que aún no conocía; me refiero a una placa conmemorativa, instalada recientemente frente al que llaman Palacio de los Velasco y que se refiere al 200 aniversario de la independencia de Paraguay y al último Gobernador del país guaraní, Bernardo de Velasco y Huidobro, seguramente el constructor de este magnífico palacio del siglo XVI. La leyenda de la placa me hizo preparar las maletas y viajar por la memoria de mi estancia en Paraguay, de eso hace ya casi una docena de años. Al leer Paraguay en Villadiego, en este lado del Gran Océano, como un resorte, vinieron a mí historias e imágenes que llevo y llevaré siempre en el bolsillo del corazón: los bañados asuncenos en las orillas del río Paraguay, los camalotes deslizándose sobre su hijo Pilcomayo, El Chaco del otro lado, las misiones jesuíticas, la Guerra de la Triple Alizanza y sus consecuencia infanticidas, la de El Chaco, el Supremo dictador Francia, los palmerales, los colectivos, los copetines, los menonitas, la desigualdad, las indiesitas y sus abalorios en las calles, los trabucos en las farmacias, los caminos y hormigueros rojos, los claveles de aire, Clorinda y su frontera del fin del mundo, Caacupé, los amigos... Cerré los ojos al pie de aquella placa de Villadiego, en aquella plaza que visitó el Embajador guaraní en España, y las imágenes regresaban como si nunca se hubieran ido. Por eso hoy, queridos amigos y seguidores de este Cajón de Sastre, se me deslizan estas pequeñas notas que tomé hace once años luz, recuerdos de un viaje y de un país que aprendí a querer. 


Río abajo, los camalotes se deslizan
 por el Paraguay, por donde llaman Puerto Sajonia. 

Los colores de Caacupé. 


  
De “MEMORIAS DE AMÉRICA”

(Agosto, 2002)


En el mercado de Pettirosi

[...]. Son las 11 de la mañana, hora paraguaya. Cuatro burgaleses ponemos rumbo al mercado de Pettirossi. ¡Ah, qué gran mercado! ¡Qué colorido! ¡Qué humanidad tan sana! Toldos multicolores y abigarrados, viejecitas mestizas (a mí todas me parecían indias) vendiendo toda suerte de hierbas del campo, lo que en Paraguay llaman el yuyu y, que debe ser la obligada medicina de los pobres (sin menospreciar ni olvidar sus valores tradicionales). Pettirossi es un laberinto de calles fijas, con puestecillos de paredes y techos de tela, aunque también los hay de fábrica. Perderse en este dédalo de humilde consumo es sentir el pálpito de un pueblo que, aunque sencillo, todavía no ha perdido sus señas de identidad. En Pettirossi, gente viene y gente va, puede encontrase todo lo que no es superfluo, al contrario que en nuestro mundo, que es primero en despilfarro. Reclaman nuestra atención las tenderas, mujeres paraguayas afables, viejecitas mestizas, con facciones profundamente indígenas. Nos ven pasar, fisgar y, con decisión pero sin agresión, se dirigen a mi compañera:


Mamita, ¿qué buscas?,  o  ¿Qué buscas, mamita? o  Mamita, ¿qué te vendo?

Y los vendedores de chipa, que son legión, con su cantinela:

¡Chipa, chipa: cuatro por mil! (guaraníes). [...].


Artesana tabaquera en el
mercado de Pettirosi..

Mercado multicolor de Pettirosi, en Asunción.



Misión  jesuítica de Trinidad

[...]. En Encarnación, Rob, nuestro amigo, anfitrión y guía, continuó sorprendiéndonos para bien. Le expusimos nuestros planes de ir a visitar la reducción jesuítica de Trinidad, y él, antes de que nos diera tiempo a pedirle información de cómo llegar a este Patrimonio de la Humanidad, ya se había ofrecido a llevarnos con su propio coche. El paisaje se presentaba hermoso camino de Trinidad. Suaves vallejadas, pobladas de inmensidad de árboles, de especies desconocidas para nosotros, envueltos en una tenue bruma, embellecían la antesala de la misión. Pensaba yo en aquellos momentos que no era extraño que los jesuitas se fijaran en este lugar para fundar y levantar su reducción. Aquello bien pudo ser el Edén.
Ya en la Misión, observamos que, aunque todo está muy bien cuidado, no hay estructura turística ni parafernalia semejante a la de los más importantes lugares de peregrinaje turístico. Ello me sorprende, y en cierto modo me agrada, aunque ponga de manifiesto que el turismo en Paraguay está aún en mantillas. El acceso es humilde: una pequeña edificación de la Dirección General de Turismo del Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones donde se sacan los billetes y una mesita en la entrada con algunos folletos sencillos de la misión jesuítica declarada Patrimonio de la Humanidad, nada más. Emocionados, nos adentramos en la gran explanada cuadrada, de mullido césped, a cuyos lados se  encuentran las ruinas, y dimos rienda suelta a la imaginación. Sobre nuestras cabezas el cielo se abría con un azul intenso, y el sol brillaba en su plenitud, todo lo cual acentuaba el contraste entre la roja piedra arenisca de las ruinas y el exuberante verde que las rodea. Sobre ésta y otras reducciones socializantes ya habíamos leído algo en Burgos (recuerdo un precioso trabajo de Roa Bastos) y teníamos una idea aproximada de cómo funcionaban; sin embargo, nuestra imaginación se dejaba llevar hacia la película The Mission y hacia su excepcional banda sonora. Y así, jesuitas un pelín progresistas en medio de la selva invadida, bandeirantes de esclavos, gobernantes portugueses y españoles repartiéndose tierras que no eran suyas, indios desnudos construyendo iglesias y tocando el violín, iban desfilando por nuestro ensueño, en nuestra visita por el conjunto [...].


Explanada y ruinas de la misión guaraní de Trinidad.

Misión de Trinidad.
Arte de las misiones jesuíticas.